Cierre de Campañas
Martes 10 de marzo de 2009
Los dos aspirantes a la presidencia organizaron concentraciones multitudinarias el pasado fin de semana para cerrar sus respectivas campañas electorales.
A diferencia de muchas personas que simplemente no soportan escuchar a sus adversarios, dediqué todo el tiempo necesario para ver y escuchar, por televisión en ambos casos, los discursos y toda la fanfarria de los candidatos, dirigentes, amigos serios, amigos oportunistas, aliados de siempre y aliados coyunturales de los dos partidos.
Los dos actos sirvieron bien, sin duda, al propósito de moralizar a las bases más militantes. No es lo mismo ver los partidos en el estadio que verlos por televisión, porque a distancia se pierde bastante el factor de euforia, de contagio anímico y de electricidad en el ambiente. Pero aún para los que no asistimos a los actos partidarios, resultó evidente que ambos conglomerados sintieron fortalecida su confianza en la victoria. A los del Frente les pareció que habían vivido una tarde mágica y que habían realizado un acto “histórico”, pero en las pantallas de televisión estas connotaciones se vieron bastante disminuidas.
Desde el punto de vista de la calle, el formato del Frente fue más versátil y se prestó más a la prolongación en el tiempo y a la alegría carnavalesca de una gran conga popular. Desde el punto de vista de la televisión, el formato de ARENA produjo un espectáculo de muy superior calidad audio-visual. El Frente ganó, tal vez, por un pelo en cuanto a entretenimiento de los asistentes. ARENA ganó, tal vez, por dos pelos en comunicación con los televidentes.
El que haya planteado la comparación de los actos de cierre como un problema de tamaño puede haber incurrido en un error político importante. En política, “votación” es la única palabra que hace relevante la pregunta de “quién la tiene más grande”. ¿Quién tiene la votación más grande el día de las elecciones? Eso es lo único que importa. ¿Quién tiene la concentración más grande el día de cierre de la campaña? Eso es totalmente irrelevante.
La concentración de ARENA fue un mar de gente. La del Frente fue un río muy largo. Ambos demostraron que tienen una gran capacidad de organización, mucho dinero y muchos seguidores, pero eso ya lo sabíamos. Lo que debe estar claro para ambos es que aunque llenen con cantidades de activistas sin precedentes los estadios, las plazas o las avenidas, siempre será incomparablemente superior la cantidad de gente que no asiste a los actos partidarios. Si fuera cierto que el Frente puso unas 100, 000 personas en la Avenida Juan Pablo II y ARENA unas 70,000 personas en el Estadio Cuscatlán, eso sería poco más del 5% de las personas que van a votar. La pregunta, entonces, sería quién motivó más o espantó menos a los que se quedaron en sus casas.
Si tuviéramos mediciones confiables de audiencias de radio y televisión, al menos sabríamos cuánta gente escuchó los discursos de ambos partidos. Y todavía habría que preguntar si se sintieron motivados, entusiasmados, decepcionados o espantados al oír esos discursos y al observar las actitudes y conductas de los activistas.
Hace falta una mentalidad muy simplista y rudimentaria para creer que los actos de cierre de campaña confirmaron a los ganadores y a los perdedores del 15 de marzo. Los dos actos fueron muy buenos, cada uno en su estilo, para motivar a las respectivas parroquias. Los dos actos hicieron muy poco para convencer a los electores más exigentes. En este sentido, tal vez haya que registrar un punto negativo en los discursos del Frente, por el tono demasiado exaltado, por el estilo demasiado parecido a los discursos del pasado, por algunos giros desafiantes o amenazantes y por un par de manejos muy cercanos a la arrogancia que tanto preocupa y molesta a la gente cuando la exhiben los que detentan el poder.
Esta crítica particular es unilateral por una razón muy sencilla: en materia de moderación el Frente tiene más tareas pendientes que ARENA, así como en otros campos es ARENA el partido que lucha contra corriente. Para los “indecisos” puede llegar a ser crucial la moderación que perciban en los candidatos. Y en este aspecto, el candidato de ARENA se vio un tanto más relajado, menos exaltado, más tranquilo y menos amenazante que su adversario.