De su propio chocolate
Jueves 5 de noviembre de 2009
En los pocos días transcurridos desde que los doce desertores de ARENA se aliaron con el FMLN y el PCN para subir a la junta directiva de la Asamblea, se han escuchado en programas de opinión y en pasillos de alfombra roja unas cuantas voces argumentando que no ha pasado nada y preguntando cuál es el problema y porqué hay gente tan escandalizada si al partido ARENA solo le han dado un poco de su propio chocolate. Diputados tránsfugas (3)
En la blogosfera de izquierda, por supuesto, no se ha ocultado el regocijo a la hora de comentar la noticia. En estos espacios, los periodistas y los comentaristas sí se dan cuenta de que ha pasado algo, pero les alegra lo que ha pasado, porque siguen pensando que ser de izquierda, más que apegarse a un ideario democrático, es estar con el Frente y contra ARENA, hagan lo que hagan, sean o no sean justas las actuaciones de ambos en cada momento.
Esas son las voces, pero también se han escuchado notables silencios en los medios de prensa, ediciones enteras sin referencias a lo ocurrido, como si en realidad no hubiera pasado nada, o bien con referencias asépticas, supuestamente neutras, pulcras, técnicas, profesionales, no contaminadas, que han hablado de “la nueva aritmética” y “la nueva realidad” de la Asamblea, como si estuvieran reportando el resultado completamente lícito de unas elecciones que habrían producido cambios normales en las cuotas de los diferentes partidos. Ahora hablan también con la mayor naturalidad y desenfado de “la nueva fracción” o “el nuevo grupo”, como si la Constitución estableciera que los grupos son un instrumento válido para la representación del pueblo en el gobierno.
En otras notas, se ha llamado “rebeldes” o “disidentes” a los diputados desertores, con gran naturalidad y aparente neutralidad, como si de verdad estuvieran luchando por ideas o por ideales, como si hubieran presentado alguna proclama o cualquier pliego exponiendo su pensamiento político, sometiendo a juicio aspectos ideológicos fundamentales de su partido, o proponiendo algo más relevante para el país que su propia y mezquina demanda de puestos en la junta directiva de la Asamblea.
Aquí no pasa nada. Nadie se indigna por el manoseo de las instituciones del Estado. El gran argumento es que ARENA también las manipulaba. Y qué bueno, entonces, que ahora tenga que probar un poco de su propio chocolate. No es necesario ni detenerse a examinar la naturaleza y la gravedad sin precedentes de lo que ha ocurrido. No vemos ni el más mínimo esfuerzo por exponer al menos las inconsistencias más grotescas, como las últimas declaraciones de un diputado gordo que quiere seguir comiendo a cuatro cachetes, que ha violado de manera grave los estatutos de su partido, se ha declarado independiente y ahora tiene el descaro de amenazar con ir a los tribunales si lo expulsan.
En verdad ha sido lamentable la flojera cómplice, la superficialidad y el pronunciado sesgo de coberturas y opiniones alrededor del ascenso de los desertores a la junta directiva de la Asamblea Legislativa. Lástima que no se hayan abordado a fondo y con esmero los peligros de corrupción desenfrenada, los problemas constitucionales, los evidentes vacíos jurídicos de un sistema que no considera, y por tanto no regula, y por tanto incentiva las escisiones y deserciones. Lástima que los medios no hayan brindado informaciones o propiciado discusiones sobre la manera en que regímenes de otros países enfrentan situaciones similares. Lástima que casi nadie haya reparado en la falta que hace una buena ley de partidos políticos. Lástima que no se haya discutido con apertura la incompatibilidad del transfuguismo con la democracia representativa.
Estos son los temas que debiéramos estar discutiendo, sobre todo el de la corrupción, que a partir de ahora tendrá abiertas las puertas de par en par. Y debiéramos discutir la corrupción con buenos criterios y con buena memoria, porque ahora los acólitos del poder se muestran indignados si alguien señala al señor Arévalo o al señor Rais; ahora este personaje es amigo y financista del partido y de sus campañas, pero hace tres años el FMLN, con el entonces diputado Centeno a la cabeza, pidió a la Fiscalía que lo investigara por lavado de dinero (la referencia de esta denuncia consta, por cierto, en documento del Banco Central de Cuba, fechado el 4 de octubre de 2006).
De todos los problemas que ha dejado la deserción y la recomposición de la junta directiva, legitimada por todos los partidos con excepción de ARENA, el más importante, es que a partir de ahora, si no ponemos candados, cualquier mafioso vendrá a nuestro país después de las elecciones con su lista de compras, escogerá los diputados azules, rojos, amarillos o verdes que necesita, pagará sin arrugarse los cuatro o cinco milloncitos que cuesten y tendrá el control de la Asamblea. Con el perdón de algunos amigos, este no es el mismo chocolate que vendía ARENA.