Salvador Samayoa
La frustración de la capa media
Sábado, 05 de Julio de 2008
Antes los cuerpos de seguridad y los escuadrones mataban a cualquiera por decir que el país estaba mal. Ahora son otros los fanáticos más agresivos. No matan, pero insultan a cualquiera por decir que el país ha progresado, o que no está tan mal.

Antes la protesta o la adhesión a la izquierda era minoritaria, sospechosa, clandestina y peligrosa. Era políticamente incorrecta. Ahora la oposición es mayoritaria y arrogante. Es políticamente correcta. Más aún, está de moda. Cualquiera se pone la roja, sin el más mínimo riesgo. No hay duda, el país ha cambiado. Para bien en el plano político, aunque a muchos les cueste admitirlo.

En el plano socio-económico hay todavía grandes lacras y profundas injusticias. Menos estructurales que antes, por cierto, pero no por ello menos graves y angustiosas. Sin embargo, también en este plano hay desarrollos evidentes. El más impresionante de estos desarrollos es la expansión de la clase media, tal como se muestra en la última encuesta de “Borge y Asociados”.
El argumento de la expansión de las capas medias es sencillo y contundente. Funes tiene ventaja sobre Ávila en todos los grupos de edad, en todos los niveles de escolaridad, en todos los estratos de ingresos económicos y en todas las zonas del país. Pero los segmentos en los que Funes obtiene las preferencias más decisivas son los de mayor escolaridad y los de mayores ingresos. Que la ventaja en estos segmentos sea suficiente para configurar una ventaja tan amplia a nivel nacional, solo tiene una explicación matemática posible: son segmentos muy grandes. En otras palabras, ha crecido sustancialmente en los últimos años la clase media urbana en nuestro país.

Pues bien, esa capa media es la que ahora está más frustrada con su situación y más encandilada con el FMLN. El 68% de los que tienen educación universitaria y el 72% del estrato de mayores ingresos afirma en la encuesta de Borge que el país va en la dirección equivocada. El 35% de los que tienen educación universitaria se declara “de izquierda”. Por contraste, solo el 20% se define de esa manera entre los que no tienen ninguna educación.

Lo mismo ocurre con las preferencias explícitas para la candidatura presidencial. Funes obtiene el 55% de apoyo entre los que tienen educación universitaria, contra el 29% entre los que no tienen ninguna educación. De igual manera, obtiene el 45% de respaldos en el segmento de mayores ingresos, contra el 34% en el estrato más pobre.

Cuando se pregunta por cuál partido simpatiza actualmente, el 44% se decanta por el Frente en el segmento de mayores ingresos, contra el 37% en el estrato más pobre. Y por niveles de escolaridad, la diferencia es aún mayor: el 52% de los que tienen educación universitaria está con el Frente, mientras solo el 32% levanta la bandera roja entre los que no tienen ninguna educación.

Y así, sucesivamente, a todo lo largo y ancho de la encuesta. Tal vez Borge cometió un error al poner muy bajo el piso del estrato de mayores ingresos. Este error hizo que una cantidad indeterminada de gente que no está en extrema pobreza pero tiene graves limitaciones económicas quedara incluida en ese segmento. Pero, de todas maneras, el resultado neto es que los que están relativamente mejor son los más frustrados y los que más apoyan al FMLN o a su candidato. Este es el segmento que tiene mayores aspiraciones de comodidad y de consumo. A ver si no le sale el tiro por la culata, porque hasta ahora poco sabemos acerca de las políticas o de los actos de magia que tendría que hacer Funes para resolver sus problemas. Lo que es indudable es que la capa media está muy enojada con ARENA, y tal vez con justa razón.