Salvador Samayoa


Punto para Rodrigo
Jueves, 5 de Junio de 2008
La contienda electoral se parece más a un juego de tenis que a un enfrentamiento en cualquier otro deporte.

Un juego de esos apretados y largos entre Nadal y Federer, o entre alguno de los dos primeros y sus más aguerridos retadores: Djokovic, Rodrick, Blake o cualquier otro de similar talante.

Hay que pelear cada punto, y cuando se gana el punto todavía no se ha ganado nada. Hay que seguir ganando puntos hasta ganar el set, y cuando se gana el set todavía no se ha ganado nada. Rara vez hay ventajas irremontables, sobre todo cuando se trata de ventajas iniciales.

Esto se ha demostrado con frecuencia en recientes contiendas electorales. Así comenzó Colom en Guatemala. Así comenzó Calderón en México. Así comenzó también Barak Obama, perdiendo por mucho. Y remontaron, luchando --eso sí-- con habilidad, convicción, estrategia, temple y coraje.

Rodrigo Ávila ha dado un paso importante con los cambios en el Coena. Tal vez fue un paso tardío y poco convincente, pero era un movimiento reclamado desde diversos sectores de su partido y desde diversas plataformas de la "comentocracia", que anuncia tormentas o cielos despejados en sus cotidianas predicciones del clima político.

Lo que se pedía al candidato de ARENA es que mostrara liderazgo; que diera señales de independencia y peso propio en la conducción de su partido, porque hasta ayer parecía que el poder de decisión seguía en manos de otros dirigentes.

En el caso de la conformaciòn del Coena, se le pedìan cambios que respondieran al menos a cuatro criterios o propósitos: distanciamiento de la cùpula prevaleciente, reunificación del partido, suma de capacidades organizativas, y ganancia sustancial de capacidad e imagen polìtica. Se le pedìa, en resumidas cuentas, un principio creìble de renovación y revitalizaciòn de su partido.

La salida de Figueroa cumpliò relativamente bien con el primer criterio. Tanto mejor si en la operación se evitaron traumas y resentimientos adicionales. En este sentido fue encomiable el sentido de responsabilidad, madurez, disciplina, humildad y elegancia polìtica que exhibiò el hombre fuerte del partido en el manejo de su renuncia, por màs que algunos quisieran verla o presentarla como abandono de un barco a la deriva.

Los restantes propòsitos quedaron, sin embargo, mal servidos con los relevos en la direcciòn del partido, porque, sin menoscabo de sus innegables cualidades, es poco probable que aporten una gran cuota de credibilidad a la renovación, o que contribuyan de manera significativa a la reconciliación interna, o que modifiquen con su presencia el ànimo sombrío de sus cuadros y bases, o que fortalezcan en gran medida las capacidades organizativas del partido, o que proyecten una imagen polìtica deslumbrante o al menos atractiva.

A la luz de estas consideraciones, y a riesgo de parecernos un poco a la gata angora, podemos dudar de la relevancia y de la efectividad de los cambios en el Coena, pero es innegable que Rodrigo Ávila ha dado un paso en una campaña que parecìa estancada e irremediablemente condenada a la derrota.

Nunca es fácil el relevo de dirigentes bien afincados en sus posiciones de poder. Prueba de ello es que otros partidos --todos los restantes, en realidad-- no han podido o no han querido hacerlo. Por eso podemos decir ahora, desde nuestro còmodo y elevado banco de jueces autonombrados: "punto para Rodrigo".