Salvador Samayoa
Cuentas en el aire
Jueves, 05 de Febrero de 2009
Muchas cuentas en estos días. Sumas y acertijos. Preguntas de tarot. Consultas al oráculo de Delfos. Cuántos pescados se pondrán rojos de vergüenza o de cólera? ¿Cuántas manitas se van a teñir de un color o de otro? Los más sensatos hacen cuentas discriminadas, preguntando qué porcentaje de votantes del PDC y del PCN podría irse a uno y a otro de los grandes partidos.

Los más simplistas suman o pescan con atarraya, como si fuera probable que todos o casi todos los votos del PDC o del PCN pudieran sumarse al FMLN o a ARENA.

Casi todos los criterios para sumar de una manera o de otra son respetables, aunque algunos son más lúcidos que otros. El único criterio que no es ni lùcido ni respetable, aunque es el más generalizado, es el que hace depender las sumas de acuerdos entre las cúpulas partidarias.

Pueden ocurrir muchas cosas en las próximas seis semanas. La gente votará con razones y sinrazones de muy diversa ìndole. Puede pesar más la historia que habla de un electorado conservador en comicios presidenciales o la actualidad que habla de un electorado con ansias de cambio. Pueden pesar más los candidatos o las banderas partidarias. Puede pesar más un progama concreto o una retórica vacía. Puede pesar más la economía o la polìtica, la verdad o el engaño, el temor o la esperanza. Puede pesar más una esperanza razonable o una esperanza mágica. Pueden pesar más los juicios o los prejuicios. Puede pesar más el impacto de la crisis económica mundial o la conciencia de que no nos ha impactado tanto como a otros países.

Puede darle sarampión a Mauricio Funes o puede morder una culebra a Rodrigo Avila. Se puede quedar calvo Mauricio o le puede crecer el pelo a Rodrigo. Pueden perder en el camino la guayabera o el sombrero. Hasta podría ocurrir, ya puestos a alucinar, que la “selecta cuscatleca” ganara algún partido de la hexagonal. Puede ocurrir casi cualquier cosa, por insólita que parezca. Lo único que no va a pasar es que los votantes de un partido se vayan a otro porque así lo han decidido sus dirigentes.

En otras latitudes los pactos tienen contenido y hasta las componendas tienen sentido. Los dirigentes pactan participaciones lícitas o inconfesables en instancias de gobierno, pactan políticas públicas, beneficios sociales legítimos o clientelistas, pronuncian amenazas, ofrecen calabazas, compran voluntades, venden lealtades y negocian cualquier cosa a cambio de votos, adhesiones o respaldos. Pero lo hacen porque tienen con qué pagar la cuenta, bien sea porque tienen partidos compactos y disciplinados en los que se garantiza el cumplimiento de los compromisos, o bien porque los líderes tienen el prestigio, ascendiente o influencia suficiente para asegurar la identificación de la base partidaria con sus orientaciones.

Este no es el caso en nuestro país. Los dirigentes del PDC o el PCN pueden hacer los pactos que quieran con ARENA o con el FMLN, pero la gente votará como le dé su santa y real gana. Por ideología y por tradición electoral conservadora tenderán a virar a la derecha. Por situación económica y social podrían tener segmentos considerables escorados a la izquierda. Por el atractivo de los candidatos de los partidos mayoritarios, podrían dividir sus preferencias o quedarse en su casa.

En este sentido, las decisiones y los pactos de las cúpulas del PDC y del PCN son casi irrelevantes. Solo algunos lìderes locales de extraordinario carisma o prestigio, como Will Salgado, podrían tener alguna influencia en bases parciales de sus respectivos partidos. Por eso no se entiende el conato de berrinche del FMLN ante el retiro de Rivas Zamora, a menos que el Frente haya pasado ya a la defensiva y se encuentre demasiado nervioso e inseguro en relación con sus posibilidades de victoria.

Como escenario de referencia, para comenzar a sumar o a restar partiendo de hipótesis rezonables, podemos decir que si tomamos como base los consolidados nacionales de votos para diputados y asumimos que ARENA se lleva aproximadamente el 60% de votos del PCN y del PDC, el 20 % de votos del CD/FDR y el 60 % del incremento de votantes, estimable en un 12-14% de los votos válidos de enero, tendríamos un empate casi exacto entre los dos aspirantes a la presidencia. De allí tienen que partir, para entender que en vez de hacer cuentas en el aire, basadas en pactos partidarios, necesitan conquistar hasta al último votante para establecer diferencias decisivas.