Salvador Samayoa
La función del debate político
Jueves, 04 de Septiembre de 2008
El candidato del FMLN estuvo hace un par de días en la televisión, en amena, larga y sustanciosa tertulia con Nacho Castillo. No fue una entrevista propiamente dicha. Fue, más bien, una amable conversación, porque el candidato no abandona la costumbre de interpelar, marcar la pauta y llevar la voz cantante frente a las cámaras de televisión. Y todos sus ex colegas se lo permiten con sorprendente naturalidad, como avasallados por la lógica y la cadencia de sus argumentos. No cabe duda, veinte años de oficio dejan huella.

Pero no todo fue coser y cantar. El conductor también mostró sus colmillos, con preguntas “duras”que exigieron definiciones difíciles en temas políticos controversiales y muy espinosos, como la ley de amnistía, la posibilidad de reforma constitucional y las relaciones con Cuba.

En temas económicos, un escrutinio más acucioso habría revelado carencias importantes de fundamentación y de solidez en las posiciones del candidato, pero en los temas políticos cruciales se expresó de manera convincente, clara e inequívoca, sin la vaguedad o los ambages de otras ocasiones.

De conformidad con sus palabras, si resulta electo abrirá relaciones diplomáticas con Cuba, no promoverá reformas constitucionales y no promoverá tampoco la derogación de la ley de amnistía.

Los dos primeros asuntos ameritan comentarios separados. En relación con el problema de la amnistía, en este mismo espacio del “Observador Electoral” señalamos, hace pocos días, que el programa de gobierno del FMLN evadía una definición explícita, pero perfilaba con bastante nitidez el compromiso de derogar la ley vigente, con graves implicaciones para la concordia y para la estabilidad política del país.

Por eso demandamos mayor claridad al FMLN y a su candidato. La respuesta no se hizo esperar. En el programa “Ocho en punto”, Funes no dejó lugar a dudas. No solo expresó con claridad su posición, sino que la argumentó afirmando que en éste y en otros temas similares el criterio sería poner la vista en el futuro y remover el pesado lastre de las anclas enterradas en los fondos del pasado.

Tal posición tiene dos atributos. Por una parte acepta de manera implícita la tesis que otros han sustentado antes al afirmar que la impunidad de ayer no es la causa de la impunidad de hoy. Por otra parte, postula que la justa reivindicación de las víctimas o la necesaria reconciliación de la sociedad no pasan por coordenadas judiciales con escasa o nula posibilidad de marcar puntos de esclarecimiento y responsabilidad por los hechos del pasado.

En adición a estos atributos, el candidato del FMLN ha mostrado capacidad para contrariar a algunas de sus bases más exigentes. Es cierto que Funes vive un momento dulce en su matrimonio de conveniencia con el Frente, porque en otro tiempo, por menos, lo habrían acusado de cualquier cosa. Pero igual tiene mérito al asumir que el debate público obliga casi siempre a definiciones que acarrean costos, además de beneficios.

Esta es la función política y social del debate público, entendido como ejercicio permanente y no como espectáculo eventual: plantear de buena fe la discusión de temas relevantes para la sociedad, hasta forzar a los actores políticos a tomar posiciones más meditadas y más responsables. A los fanáticos les molestan los cuestionamientos, porque solo quieren escuchar elogios a sus líderes o críticas a sus adversarios, pero al país le conviene más la discusión franca, la que no cae en confrontaciones estériles ni en cobardes complacencias.

En esta campaña electoral tan insulsa, tan falta de viveza, extrañamos el debate fuerte pero constructivo entre los partidos. El FMLN ha presentado ya un programa con posiciones políticas discutibles. ARENA, en cambio, no termina de superar sus rezagos y sus fallas de origen. El PDC y los partidos más pequeños de izquierda han postergado o abandonado la contienda presidencial. En tales condiciones, no hay discusión entre partidos. El único debate posible, por ahora, es entre el FMLN y observadores independientes. Si no hay más remedio, que así sea.