Fraude electoral
Martes 3 de noviembre de 2009
El pasado viernes, en horas cercanas a la medianoche, se consumó una maniobra política de graves repercusiones para nuestra democracia.
La fecha -30 de octubre- debe quedar registrada para las consultas y referencias que serán necesarias dentro de algunos meses o pocos años, cuando nos agobien las consecuencias y nos falle tal vez la memoria exacta del engendro.
Aparentemente solo se produjo un cambio, temporal y con fecha de vencimiento, en la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa. ARENA y PDC perdieron un asiento, como en el juego de las sillas musicales, después de muchas vueltas, cuando el dueño de la piñata decidió parar la música. El Frente ganó un puesto y media presidencia.
Hasta allí, ningún problema. Tanto la presidencia como los puestos directivos eran producto de un pacto, y todos sabemos que los pactos se deshacen de la misma manera que se hacen.
Que el FMLN tenga un tiempo, o todo el tiempo, la presidencia de la Asamblea no es problema. De hecho tiene la fracción más numerosa y aunque no está escrito en ninguna ley que el más grande preside, así suelen ser las cosas en la política, en la empresa y en cualquier otra selva. De igual manera, no es mayor problema que el FMLN tenga aliados y números para echarle el camión a su adversario.
Cuando ARENA los tuvo, procedió de igual manera. Eso es relativamente normal en el juego político, a condición de que el juego garantice las alternancias y que se someta a reglas jurídicas y a límites éticos.
A la luz de tales criterios, lo que ocurrió en la Asamblea es inaceptable, no tanto por la recomposición de la Junta Directiva, sino por la perversidad política de la alianza que la sustenta y, sobre todo, por el procedimiento que ha violado, precisamente, las dos condiciones fundamentales del juego político democrático: la ley y la ética.
La ley en su espíritu, sin duda. Probablemente también en su letra. La ética no tiene textos, pero tiene consensos universales y ancestrales que nos permiten identificar con bastante facilidad los comportamientos inmorales.
La acusación de violación a la ley y a la ética recae de manera primaria sobre los diputados tránsfugas. Otros la cohonestaron y la aprovecharon. Probablemente la indujeron.
Si, además, pagaron por ella, como parece, peor todavía. De la corrupción pueden tener dudas los más ingenuos, pero lo que es indiscutible es que la acción de los doce diputados y la conformación de un bloque parlamentario con el FMLN es una alteración directa y grave de la voluntad popular expresada en las urnas.
Más aún, es una usurpación clarísima de los poderes otorgados por el soberano a los diferentes partidos políticos. Probablemente también es un acto inconstitucional. Los partidos políticos, dice la carta magna, "son el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo dentro del gobierno". No dice que son el único instrumento para acceder al poder, sino para ejercer la representación del pueblo.
Si la pertenencia y el respeto, por tanto, a los estatutos de un partido fuera solo una condición para llegar a los cargos, los diputados tránsfugas serían solo unos descarados sinvergüenzas o despreciables corruptos que habrían utilizado los recursos y la bandera de un partido para ser diputados y luego habrían hecho lo que les daba la gana. Pero la situación es más complicada y más grave, porque estos señores se declararon independientes.
Así no más, porque les dio la gana, como si no hubiera leyes, como si la Constitución no fuera explícita e inequívoca, formaron una fracción que no pertenece a ningún partido político; un agrupamiento al que nadie eligió para que lo representara en la Asamblea.
La acción de los diputados tránsfugas es, como mínimo, un fraude electoral. No se le puede llamar de otra manera. ¿Cuántas decenas de miles de votos habría que robarle en las urnas o en las mesas a un partido político para quitarle doce diputados que de manera legítima tenía ganados en las elecciones?
Si eso ocurriera, no denunciaría medio mundo, con toda razón, un escandaloso fraude electoral? ¿Y si se lo hicieran al FMLN, no incendiaría las calles de la ciudad? ¿Y los periodistas que ahora callan, no pondrían el grito en el cielo? Pues eso, exactamente, es lo que ha ocurrido ahora: le han quitado a un partido político doce diputados que ganó de manera legítima en las elecciones.
El bloque de los doce con el Frente y el PCN puede tener implicaciones complejas. Entre otras, puede poner en jaque la presidencia de Funes, no solo por la capacidad de rebasar los vetos presidenciales, sino porque el FMLN es muy diferente a otros partidos en la lógica y en la forma de cobrar las facturas políticas. A buen entendedor, pocas palabras.
Y lo peor de todo, el colmo del cinismo, es que algunos siniestros personajes, después de corromper, desnaturalizar y desprestigiar la representación legislativa, nos dirán que el pueblo está frustrado, que la democracia representativa está agotada y que debe dar paso a la democracia directa. Qué cerca está el siglo XXI. Ya estamos en él y no nos damos cuenta.