Un caso de etiqueta fraudulenta
Lunes, 14 de septiembre de 2009
Mauricio Funes habló de un gobierno de unidad nacional durante la campaña (“podemos construir un gobierno de unidad nacional”
- Estadio Cuscatlán, 9 de marzo 2009); como presidente electo (“mi gobierno estará animado por el espíritu de la unidad nacional” - noche del 15 de marzo 2009); y como presidente constitucional (“Ese ha sido el mandato que recibimos del pueblo: construir un gobierno de unidad nacional capaz de asumir los grandes desafíos del momento actual” - en cadena nacional para presentar su plan global anti crisis, 18 de junio de 2009). Y en agosto Funes da parte de la misión cumplida: “Este es un gobierno de unidad nacional” (19 de agosto, inauguración de la construcción de la carretera longitudinal).
¿Adónde está el gobierno de unidad nacional? Ciertamente la ecuación FMLN + CD + familia Cáceres + los Amigos = Gobierno de Unidad Nacional es matemática y políticamente errónea.
Incluso, agregando a personajes de derecha (como Miguel “Mecafé” Menéndez, Tomás Chévez, Luis Lagos, Nicolás Salume, Guillermo López Suárez) y a demócrata cristianos reciclados (como Juan Pablo Durán y Napoleón Duarte hijo), no se llega a unidad nacional, porque ninguno de ellos tiene representatividad ni en el centro ni en la derecha.
Un gobierno de unidad nacional tiene que estar basado en acuerdos entre las diferentes fuerzas políticas y sociales sobre políticas comunes. Y un gobierno de unidad nacional implica que las diferentes fuerzas, conjuntamente, asuman responsabilidad en el Ejecutivo. Nada de esto está pasando en El Salvador.
El hecho de que tengamos un gobierno minoritario no tiene nada de malo. Es totalmente legítimo. Cuando no hay acuerdos nacionales, siempre hace falta que el gobierno gobierne. Y tampoco significa la ausencia de concertación. Siempre hay necesidad de concertar soluciones a los diferentes problemas del país. Es más: Para mi criterio, gobiernos de unidad nacional sólo se justifican en casos excepcionales y de forma temporal, para resolver situaciones de crisis que de otra manera no tienen salida. En general, el juego de gobierno-oposición es más sano y ofrece más garantías de transparencia, equilibrio y dinamismo.
Lo peligroso no es la no existencia de un gobierno de unidad nacional, sino la confusión que sea crea al hablar de unidad nacional cuando no existe. Lo más preocupante sería que los integrantes de un gobierno que se proclama de unidad nacional comiencen a confundir los pactos internos de este gobierno con unidad nacional. Me da miedo cuando un gobierno actúa sobre la base de la idea errónea que la suma de sus integrantes representa a toda la nación. Quienes piensan que ellos representan al pueblo, a las masas, a la nación, a la unidad nacional... lógicamente tienden a dejar de buscar y construir acuerdos nacionales. Piensan que ya los tienen cuando sólo han pactado entre ellos mismos.
Tomando en cuenta la historia de El Salvador y los resultados de los dos comicios del 2009, el gobierno FMLN/Funes tiene que asumir - de manera clara, sin complejos, e incluso con orgullo - su carácter de gobierno e izquierda. El hecho indiscutible de que la coalición FMLN+CD+Amigos de Funes no representa a toda la Nación no tiene por qué restarle al gobierno la legitimidad ni la capacidad de gobernar para toda la Nación. Lo que un gobernante adquiere en elecciones es la obligación de gobernar para todos, no el derecho de hablar a nombre de todos. Este derecho se la tiene que ganar gobernando bien para todos. Es más difícil que ganar elecciones.
El gobierno de Funes es un gobierno de minoría. La izquierda ganó la presidencia, pero no ganó mayoría parlamentaria. Para gobernar, tiene que buscar consensos y mayorías legislativas para cada uno de sus proyectos de ley. Los gobiernos de unidad nacional funcionan de manera diferente: Nacen como resultado de una negociación previa entra las diferentes fuerzas políticas, que define las principales políticas que conjuntamente van a implementar. Por ser de unidad nacional, tienen garantizada la mayoría legislativa para implementar las políticas acordadas.
Un gobierno de minoría que se auto proclama de unidad nacional está atentando contra su propia gobernabilidad. Revela una actitud de exclusión de la oposición, de los sectores de centro y de derecha: “¡Están fuera de la unidad nacional!”.
Sin embargo, esta oposición, aunque no es parte de la presunta “unidad nacional”, constituye la mayoría legislativa. Sin ella no habrá presupuesto, no habrá acceso a préstamos, no habrá leyes, no habrá reformas. El gobierno tiene que hablar con ella, consensuar con ella, construir unidad todos los días sobre proyectos diferentes. Para hacer esto sin poner obstáculos adicionales, mejor se quiten la arrogancia de quienes se creen expresión de la unidad nacional.