Paolo Lüers
Que comience la carrera
Jueves 14 de agosto de 2008
Ya han pasado los calentamientos y las salidas en falso. Están listos para correr. El que uno ya lleva casi un año dando vueltas de calentamiento, ya es historia.

Le ha dado ventajas (“quien pega primero, pega doble”), pero también desgaste. Por el otro lado, el que el otro al sólo salir a su primera ronda de calentamiento ya salió lastimado, también es historia. Ahora tienen más o menos igualdad de condiciones y están en posición de salida. A menos que salga a última hora un tercer corredor, parece que la carrera es entre dos.

Esto es el estado de las cosas en agosto, cuando regreso del país luego de seis semanas de viaje. Las encuestas ya no muestran grandes brechas entre las posibilidades de los candidatos. Más bien muestran, como era de esperar, que cualquiera de los dos puede ganar.

El candidato del FMLN ha logrado mantener y consolidar la cohesión de su voto cautivo (o “duro”) que desde su nombramiento ha estado apoyándolo. Es un logro no fácil de obtener durante tanto tiempo y con tantas tensiones entre candidato y partido. Es en sí un triunfo y una excelente posición para entrar en la batalla decisiva: la disputa por el voto “blando”, por la clase media que exige de los candidatos propuestas claras, discurso coherente, capacidad de concertación, y -sobre todo- muestras de independencia de sus aparatos partidarios y de capacidad de transformar a los mismos de obstáculos en instrumentos del avance democrático.
El candidato de la derecha entra en esta batalla con cierta desventaja. Todavía tiene que preocuparse de la consolidación del voto duro. Tiene que empezar a convencer al voto blando cuando todavía no tiene del todo asegurado el apoyo de los sectores que tradicionalmente votan por ARENA. Esto se expresa en los siete puntos que todavía separan a los candidatos: Funes ya tiene asegurado su voto duro, Ávila todavía no.

Por otra parte, Ávila tiene una ventaja que a partir de ahora, cuando entran en serio en la disputa del voto blando, va a cobrar más importancia: a esta altura, ya tiene mucho más poder en su partido que Funes en el Frente. Poder en el sentido de libertad de acción en el campo programático; de capacidad de producir cambios en las estructuras de mando de su partido. Mauricio Funes ya ha dejado de aspirar a tener influencia --ni hablar poder de decisión-- en el proceso de nombramiento de los candidatos a diputados. En cambio, Rodrigo Ávila va a poder presentar una planilla de legisladores que corresponde a su programa de gobierno y a su liderazgo. Lo único que tiene que hacer es hacer uso de su posición de presidente del Coena y de la estructura y concepción verticalista de su partido. Mauricio Funes, aunque quisiera, no tendría el poder de intervenir en la selección de candidatos. Ni siquiera ha tenido influencia en la selección de su propio compañero de fórmula, mientras que Rodrigo Ávila se guardó esta carta y no se ha dejado imponer a ningún candidato, por más que los poderes históricos en ARENA lo hayan intentado.

A esta altura, las ventajas y desventajas de cada uno de los dos candidatos parecen equilibrarse. Con la diferencia que las desventajas de Ávila resultan del pasado y tienden a resolverse, mientras las desventajas de Funes corresponden a la siguiente fase de la contienda y tienden a cobrar más importancia.

Si ninguno de los dos comete mayores errores y se mueve inteligentemente dentro del espacio que tiene en su propio campo, la tendencia será que para el fin del año los dos candidatos se mantengan en empate. Convencer más en el sector decisivo, que es la clase media urbana, depende --ya lo hemos dicho en repetidas ocasiones-- del grado en que corresponda a la expectativa de cambio que tiene la sociedad. Empezando con el cambio en casa propia, o sea de la limpieza en las propias filas. Va a ganar el candidato que proyecte más capacidad de convertir a su partido en instrumento de las reformas políticas, fiscales y sociales que ambos -sin mucha diferencia- van a terminar prometiendo. La última razón de voto ya no será qué quiere hacer cada uno, sino ¿tiene la capacidad y el valor de hacerlo, contra todas las resistencias en su propio campo?