Miguel Lacayo


Doble estándar de Funes
Sábado, 27 de Septiembre de 2008
Actuando con descortesía y deslealtad, el Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, decidió abruptamente posponer el recibimiento del nuevo embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, como “muestra de solidaridad” con los gobiernos de Bolivia y Venezuela, luego de que se expulsaran a los embajadores americanos de dichos países.

Poco después, se especuló que el presidente Bush no aprobaría la prórroga del TPS a los hondureños indocumentados que viven en EEUU.

El día siguiente, Mauricio Funes criticó dicha posibilidad ya que, según él, la decisión de renovar el TPS “no debe estar motivada por la declaración de sus gobernantes, si no por las necesidades de los pueblos… En ultima instancia la relación es con los pueblos”.

Pocos días después, Chávez expulsó de Venezuela a los representantes de Human Rights Watch (HRW), reconocida organización que vela por el respeto a los derechos humanos en el mundo.

Mientras el mundo entero condenó este acto como un atentando a la libre expresión y lo califica como otra muestra de intolerancia política de Chavez, Funes dijo que “no va a juzgarlo [a Chávez]” aunque dice que de ser electo, “no va expulsar a ninguna organización de derechos humanos”. Aplicando doble estándar, Funes criticó a EE.UU. pero no se atrevió a criticar a Chavez.

Funes parece no conocer que en EE.UU. no se practica la “democracia directa” sino que se practica la “democracia representativa” al igual que en Honduras y El Salvador. EE.UU. tiene que relacionarse con los “representantes” de los pueblos, no con los ciudadanos directamente.

Si un Presidente, como máximo representante de un país, decide congraciarse con gobernantes del grupo Alba, al mismo tiempo que le da una bofetada a EE.UU., dicho Presidente deberá tener muy claras las posibles consecuencias para sus ciudadanos.

El TPS es concedido unilateralmente por el Presidente de EE.UU. como un programa excepcional a favor de ciudadanos de países amigos, en la base de amistad. EE.UU. tiene la absoluta solvencia moral para tomar la decisión de no extender el beneficio de TPS a ciudadanos de cualquier país que no es afín a EE.UU. o que no da muestra clara y contundente de amistad. El Presidente de EE.UU., como representante de los ciudadanos de dicho país, se debe primero que todo a sus ciudadanos. Así como no se debe esperar apoyo de un viejo amigo que es traicionado, de igual forma no debe esperar mucho apoyo del gobierno de EE.UU. aquel que no le da muestras de respeto y aprecio.

Los salvadoreños no queremos limitaciones a la libertad de expresión en nuestro país. Adicionalmente, los salvadoreños no queremos que en ningún momento se entorpezca nuestra relación con un país amigo, que además es fuente de remesas que elevan la calidad de vida de muchos compatriotas. Uno de los candidatos, Rodrigo Ávila, condenó la actuación de Chávez al decir que “estamos viendo una actitud de prepotencia digna de un dictador que no tolera nada”, mientras que a otro, Mauricio Funes, se le aplica el dicho “el que calla otorga”.

Al callar, Funes se coloca a la par de Ortega, quien respalda a Chavez por la expulsión de los representantes de HRW. Los ciudadanos deberán elegir un presidente valiente, que sea consistente, que no aplique su ideología a su conveniencia, y que esté dispuesto a condenar los atropellos y atrocidades que se lleven a cabo en cualquier parte del mundo, como señal que acá tampoco se toleran.