Doble discurso genera desconfianza
Miércoles, 21 de Mayo de 2008
Alguien que cambia de discurso genera desconfianza, y con justa razón.
Las primeras palabras que expresamos sobre un tema, de forma espontánea, sin tiempo para preparar la respuesta, reflejan mucho sobre la verdadera forma de pensar y lo que podemos esperar sobre la actuación de una persona. De forma similar, señales emocionales, microexpresiones, espontáneas e inconscientes, que pasan por la cara una fracción de segundo, ofrecen una pista sobre cómo se siente o piensa alguien en ese momento, aunque la persona pretende proyectar una impresión diferente. Cuando la expresión no juega con las palabras o cuando no hay consistencia en el discurso, no hay credibilidad. El doble discurso de Funes es una ventana a su carácter verdadero y forma de pensar.
Recientemente en un mitin político en Soyapango, Funes dijo: “No vamos a permitir en este país que un líder espiritual quiera imponerle su criterio a una feligresía que tiene todo el derecho de apoyar al candidato que su conciencia le indique”. Posteriormente dijo: “Lo que estoy cuestionando es que un líder espiritual pueda dejar en libertad a su feligresía para que decida a quién desea apoyar en una elección”.
Funes está tratando de decir cosas, no como las siente, sino como cree que la gente las quiere escuchar, y como el camaleón, cambia su discurso dependiendo de quién está enfrente.
Se le escapa a ratos la esencia autoritaria del partido comunista que representa, y de repente, se acuerda de su camisa blanca de moderado y vuelve a cambiar el discurso.
En muy distinto decir “que no es sano que la Iglesia se inmiscuya en asuntos políticos” a decir que “no [lo] vamos a permitir”. Funes está dando pista de que, al estilo de un gobierno comunista, no le va a permitir a un ciudadano que diga o haga lo que quiera, si esto no es de su agrado. Pero se olvida de que nuestra Constitución les asegura el derecho a todos los salvadoreños a hacer y decir lo que les venga en gana, siempre que esto no lo prohíba la ley y no menoscabe los derechos de otro ciudadano.
Ni un funcionario, ni un Presidente, ni un aspirante a Presidente, ni un periodista le puede prohibir o impedir hacer a un ciudadano lo que la ley no le prohíbe. Sin que nadie lo pueda impedir, un religioso puede expresar sus simpatías o sus miedos en relación con un político, particularmente si éste cambia de discurso cuando le conviene o cuando su ideología es contraria al bienestar de sus feligreses.
Que un padre o un pastor hable de política en su iglesia puede que no nos guste, pero al no ser prohibido por la ley, no podemos y no debemos intentar impedirlo. Funes ha dicho que respetaría el estado de derecho; pero hasta hoy las señales son contradictorias y generan desconfianza.