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Primeros 50 días dejan mucho que desear
Domingo, 19 de Julio de 2009
Para tomar el timón con autoridad, un líder, y en particular un Presidente, debe lograr al menos tres objetivos durante sus primeros 100 días de gestión: Generar confianza, sentar las bases claras para dar resultados tangibles en su periodo y contagiar con una nueva visión que energice y motive a sus electores.
A pesar de que solo ha transcurrido la mitad de ese periodo, lo que se aprecia de la gestión del Presidente Funes augura que este no logrará una nota aceptable. Para generar confianza y credibilidad, el líder debe enviar las señales adecuadas. Esto lo puede lograr mediante actos simbólicos que revelen avances o dirección y construyan o consoliden una imagen positiva rápidamente. Funes le ha hablado a “los suyos” y al voto duro del FMLN al ofrecer la pensión universal para retirados, uniformes gratis para los alumnos de las escuelas públicas, ampliar la cobertura de salud a los desempleados, y el plan de vivienda “techo y piso”. La otra mitad de los salvadoreños estamos, en general, con mal sabor de boca. Comenzando con la flagrante violación de la ley al bloquear el comercio con Honduras. O no se percató del daño y rechazo generalizado que la medida generaría, lo cual ya es mala señal en sí mismo, o tomó una medida política sin importarle las consecuencias legales y el daño que causaría a la población. Habló de meritocracia en su discurso pero se impuso la partidocracia en la selección del gabinete. Habló de respetar los derechos de los trabajadores, pero obligaron a cientos de empleados públicos a renunciar sin goce de las prestaciones de ley, los acosaron para que renunciaran, inclusive la noche previa a la toma de posesión. Violó la institucionalidad al hacer lo anterior en entidades cuyos presidentes o superintendentes tienen periodos distintos al presidencial, con el fin de que no sean puestos políticos; siendo el “presidente del cambio” el que ahora politiza la gestión pública. Despidieron cientos de funcionarios con insustituible capacidad y memoria institucional, generando incertidumbre, rezago e ineficiencia en la gestión gubernamental. Inclusive, hay entidades como el Consejo Superior de Salud Pública que quedó acéfala, a pesar de que vivimos una pandemia. Del lado positivo anunció que buscarán un acuerdo amistoso con Pacific Rim, aunque mejor hubiese sido si dijera que se respetará la ley y se apoyará ese proyecto minero con enorme potencial de generación de empleo y desarrollo local en una de las zonas más pobres del país. Finalmente, no queda para nada claro cómo va a financiar lo que ha ofrecido. Esto genera perplejidad por el déficit fiscal que puede causar y el correspondiente impacto a la economía real de los salvadoreños. En 50 días todo indica que será difícil que cumpla sus promesas. Un equipo económico con buenas calificaciones, que combina formación académica y experiencia práctica, sienta buenas bases para una futura gestión, siempre que no se actúe con criterios ideológicos. Pero el gabinete social y muchos puestos del gabinete fueron asignados a simpatizantes o miembros del FMLN, lo cual no estaría mal si tuvieran la formación técnica correspondiente. No se sienta base sólida al nombrar como Ministro de Educación a alguien cuyo calificativo es haber sido maestro hace más de 25 años. De similar forma la falta de capacidad, como es el caso de Violeta de Menjívar, Viceministra de Salud, ya se refleja en el manejo de la crisis del H1N1 en el país y con la inapropiada decisión de cambiar a los directores de los hospitales mientras enfrentamos una pandemia de salud. Podrá ser alguien un buen político, pero eso no lo hace buen administrador del complejo aparato público. Un buen diputado no hace necesariamente un buen ministro. Para gobernar, un líder también debe de ser incluyente y buscar acercamientos con sus posibles aliados como el sector privado, los dueños de las verdaderas “fábricas de empleos”. Recordemos que el Presidente Funes ni siquiera se refirió en su discurso al sector privado, sino más bien los acusó indirectamente de corrupción en previas gestiones. Adónde vamos y cómo vamos a llegar a ese destino nadie parece saberlo. La visión de Maurico Funes parece no conocerla ni él mismo. Al menos aun no la ha compartido. No hay nada claro del plan, ni de la dirección, ni del destino final. No hay clara visión, no hay claro financiamiento, no hay motores de desarrollo identificados, no hay apuestas estratégicas que generen empleo sostenible, y la Fábrica de Empleos es aún un castillo en el aire. Con las ofertas populistas puede reducir la desigualdad pero no se genera una mejora para el país y, como dice el dicho, “del mismo cuero salen las correas”. Si no hay crecimiento económico con su consecuente generación de empleo, no hay incremento en el consumo, no hay impuestos, y no hay planes sostenibles. Las señales han sido, en general, ambiguas, y las encuestas reflejan el menor nivel de confianza del sector productivo de los últimos 15 años. El gabinete económico es visto con buenos ojos pero el resto del gabinete, al ser tan politizado y no ser consistente respecto a la capacidad requerida para los diversos retos, siembra más dudas que esperanza. Las bases para una gestión eficiente y efectiva no se vislumbran aun, más si ni siquiera se sabe qué van hacer en los próximos seis meses, mucho menos en cinco años. Y con respecto a la visión del país que el líder debe comunicar y de la cual nos debe convencer para que todos rememos en la misma dirección, con entusiasmo y convicción, aun estamos esperando. Le quedan al Presidente otros 50 días para corregir, enrumbar y comenzar a gobernar apropiadamente al país, de otra manera, no esperemos mucho positivo de los próximos cinco años. |