Miguel Lacayo


El engaño gubernamental no es sostenible
Sábado, 19 de Junio de 2010
Uno de los grandes errores que puede cometer la gente es juzgar políticas y programas gubernamentales por sus intenciones y no por sus resultados. En ese mismo espíritu, los gobernantes mediocres típicamente se auto evalúan y pretenden ser evaluados en base a sus intenciones y sus campañas publicitarias.

Si usted tiene empleo en el sector productivo, estará de acuerdo que le pagan un sueldo para que haga el trabajo que le han encomendado; no le pagan para que solo “intente” hacerlo o por sus habilidades verbales para hacer creer que es un buen trabajador. Lo único que cuenta son los hechos y logros concretos, no las intenciones ni las autofelicitaciones.

En su discurso, el Presidente Funes da excusas para sustentar sus pobres resultados. A pesar que había pasado 20 años “analizando” la realidad nacional y criticando a los gobiernos como periodista, se lamenta de que el país tiene más problemas de lo que él esperaba, aunque la situación económica del país y del mundo no eran desconocidas cuando asumió el poder. La gestión del gobierno del FMLN durante 12 meses refleja empeoramiento en prácticamente todas las áreas, desde falta de acceso a medicinas en los hospitales y centros de salud pública, incremento de la delincuencia, carreteras en pésimo estado, más desempleo, hasta una economía que han logrado estancar.

A pesar de esto, después de un año de gobierno, el Presidente Funes quiere que celebremos intenciones, el pobre trabajo de su gobierno, y nuevas promesas. En su discurso del primero de junio y en su masiva publicidad, Funes, ha incorporado información contradictoria, imprecisa, y engañosa. Toda se debe aclarar.

Aunque Funes menciona incremento de empleos, las cifras oficiales de empleados inscritos en el ISSS reflejan una pérdida de empleos desde que Funes asumió el poder. La actividad agrícola también se ha reducido, con la consecuente reducción en el empleo. Nadie duda de la pérdida de empleos; esto está a la vista de los salvadoreños.

El Presidente dice que en el segundo semestre de 2009 entraron al país $400 millones en inversión extranjera directa. No obstante, la mayor parte de este ingreso de divisas fue en préstamos y solo se recibieron $146 millones de inversión extranjera real, un tercio de lo que él dice y un tercio de lo que se recibió el mismo semestre de 2008. Los préstamos no son una inversión.

A pesar de que se ha aclarado que el programa de entrega de uniformes y zapatos solo generó unos 1,375 empleos anuales, el Presidente insiste en usar la exagerada cifra de 40 mil empleos. No hay peor sordo que el que no quiere oír.

Sigue ofreciendo Ciudad Mujer. En Septiembre pasado puso la primera piedra y colocó una placa en un terreno en Usulután que lee “Aquí se construirá la primera sede de Ciudad Mujer”. Dejó a las usulutecas silbando en la loma y ahora dice que el proyecto se ejecutará en Lourdes, Colón.

Se jacta Funes de hacer una gran inversión en infraestructura eléctrica, aunque el diseño de El Chaparral lo heredó de previas administraciones. Además, su gobierno nunca cuestionó que esta obra fue adjudicada de forma directa y tiene el costo por MW/h más alto de cualquier represa hidroeléctrica de América Latina. O le cuestan las matemáticas al Presidente, o sus asesores de imagen le están destruyendo su credibilidad.

Funes asume el poder con presupuesto aprobado, no es chantajeado para lograr la aprobación de los préstamos, y su antecesor le dejó cerca de $1,000 millones en préstamos. Por si esto fuera poco, a la fecha le han aprobado otros $1,500 millones. Funes no tiene excusas para no ejecutar. No ha faltado dinero. Lo que ha faltado es capacidad, imaginación y transparencia.

La calidad, cobertura, y efectividad del servicio público de salud se ha deteriorado, la inseguridad ciudadana se ha incrementado, la incertidumbre política que él y FMLN han sembrado nunca ha sido mayor, y no se vislumbra ningún motor de la economía que revierta la negativa tendencia que vivimos. Con sus anuncios y discursos, el Presidente, podrá engañar a algunos algunas veces, podrá engañar a otros muchas veces, pero nunca podrá engañar a todos todo el tiempo. El beneficio de la duda no será para siempre; al final del segundo año de Gobierno los salvadoreños que aún esperan el “cambio” exigirán resultados palpables y demostrables, todo eso que los asesores de imagen no pueden sacar de un sombrero. O cumple sus promesas, o los votantes pasarán la factura.