Miguel Lacayo


Discurso distó de lo esperado
Viernes 12 de junio de 2009
El Presidente de la República tiene el importante papel de motivar y dar esperanza a los ciudadanos y convencerlos de que bajo su liderazgo la realidad pintará mejor y que sus propuestas y planes abrirán oportunidades de superación para la mayoría.

Así como nadie quiere rodearse de personas negativas, un Presidente no gana admiradores ni genera entusiasmo quejándose de sus antecesores.

Más cuando estos forjaron e impulsaron una estructura democrática que le ha permitido a su partido existir y convivir políticamente después del conflicto armado y le permitió a Funes ser el presidente de la alternancia.

Elegante y conciliador pudo ser el mencionar alguna buena cualidad u obra de su antecesor y agradecerle por la armoniosa transición. Lejos de eso, se marcó distancia de los previos gobiernos, lo cual era de esperarse, pero no en el tono y con el grado de conflictividad que lo hizo.

El estilo tal vez apropiado para sus editoriales "Sin Censura", no fue lo que se esperaba para un discurso de toma de posesión. El discurso, en lugar de inspirar, sembró dudas, en lugar de unir, dividió, y en lugar de plasmar un tono positivo, nos retrocedió al tono de la campaña electoral.

Se genera esperanza cuando el futuro prometido es vívidamente dibujado y se considera alcanzable y al mismo tiempo se desata energía cuando las condiciones actuales distan de ese futuro prometedor que nos imaginamos. Lastimosamente, el discurso del Presidente Funes no ilustra ese futuro prometedor, ni con poco entusiasmo siquiera.

El mensaje de unidad nacional, deseado y apropiado para la ocasión, perdió credibilidad y peso en el discurso dado al tono crítico con que atacó a los gobiernos de ARENA.

Un discurso conflictivo, adonde las críticas fueron hechas sin la debida elegancia, y adonde predominó la referencia al pasado, desperdició la oportunidad para inspirar y motivar.

A pesar de reconocer que el discurso tuvo frases positivas, planteamientos atinados y ofertas razonables, la agresividad y espíritu combativo opacaron lo positivo.

El tono revanchista en el que lo marcan las duras no otorga el debido respeto ni reconoce a la mayoría de votantes que en cuatro ocasiones le otorgaron la confianza a ARENA en las elecciones presidenciales.

ARENA logró la oportunidad de presidir por varios periodos porque los votantes le reconocieron buen gobierno, se redujo la pobreza significativamente, y se mejoró dramáticamente la calidad de vida para la mayoría de salvadoreños.

Por mínima cortesía, debió haber reconocido algo de esto. Muchas personas honestas y capaces, con empeño y buena voluntad, han dedicado parte de sus vidas productivas a servir al país durante los últimos 20 años y al no discriminar con sus acusaciones, Funes les atacó injustamente. Sin duda hay muchos temas pendientes y problemas por resolver y toda gestión es sujeta de crítica, pero solo un ciego puede dejar de ver el progreso ante sus ojos.

Funes falló al ser ligero en su análisis, destiló poco entendimiento de las interrelaciones de los hechos y de sus causas y efectos, no contextualizó la crisis internacional y culpó a los gobiernos previos de todos los males de hoy, adjudicando falta adonde no hay. El excesivo énfasis en la acusación me hizo pensar que Funes aparte de desquite, quiere manejar para adelante guiándose por el retrovisor.

Para el FMLN llegó el momento de dejar de criticar y comenzar a actuar y resolver problemas pendientes, buscando y proponiendo creativamente y constructivamente soluciones, construyendo sobre las bases existentes, logros alcanzados, y programas existentes.

Ahora, desde el Ejecutivo, el FMLN tiene el privilegio de servirles a los salvadoreños, quienes le congratularán o castigarán en las próximas elecciones, no en función de lo que digan pero sí de lo que hagan.

Seguramente pronto se dará cuenta el Presidente que es más fácil entrevistar que resolver los problemas reales de la gente. Ojalá futuros discursos sean propositivos y con ellos explique cómo va a cumplir sus promesas de campaña.