Miguel Lacayo


Transparencia y claridad: deudas de Funes
Miércoles, 11 de marzo de 2009
Todo pueblo democrático desea un gobernante que actúe con valentía, transparencia y honorabilidad, y que fundamente su respeto y credibilidad sobre la verdad. Siendo ese el caso de nuestro país, parece entonces que Funes se ha autodescalificado.

Recientemente, presentando pruebas falsas, acusó de participación criminal en el caso del asesinato de los diputados a Rodrigo Ávila. De similar forma acusó a los empresarios salvadoreños de evadir impuestos, también sin mencionar nombres ni presentar pruebas. Cuando un aspirante a tan importante cargo político, demostrando desesperación, miente o condena sin pruebas para intentar recuperar votos que cada día ve esfumarse, pierde la confianza de los votantes.

En la misma línea, el candidato a la Presidencia por el FMLN, Mauricio Funes, en entrevista con Jorge Ramos, no aceptó que Chávez ni que Fidel Castro sean dictadores. No tuvo el valor de hacerlo; al primero le debe el financiamiento de su campaña, la más cara de la historia de nuestro país, y al segundo la vida del partido que representa. No se encuentra explicación válida para no reconocer lo que es evidente para el mundo entero. Hay en esta actitud un grado de cinismo y de incongruencia que no es deseable en nadie, mucho menos en un presidente.

Funes decidió no explicar ni su Programa ni su Plan de Gobierno a pesar de que estos fueron cuestionados y señalados por sus inconsistencias, ambigüedades, y amenazantes cheques en blanco incorporados en los mismos. Encima de eso, para intentar hacer contrapeso a las ofertas aterrizadas y concretas de ARENA, Funes se inventó a última hora la fábrica de empleos y la ciudad para la mujer, ambos “castillos en el aire” sin ninguna posibilidad de convertirse en realidad.

Y finalmente al ver que los ciudadanos crecientemente se inclinan por Ávila, Funes para salvar cara ante una posible pérdida, está acusando a ARENA de “fraguar un fraude electoral”. Nuevamente no presenta pruebas e intenta desvirtuar a todos los observadores internacionales que expresan lo contrario. A una semana de las elecciones, ya de esta forma está aceptando que va a perder.

¿Quieren los salvadoreños un Presidente de la República que hable con ambigüedad, quien sin escrúpulos levanta falso testimonio sobre bases o fuentes cuya veracidad no ha sido verificada? ¿Podrán los salvadoreños confiar en alguien que les puede acusar de cualquier cosa sobre la base de un chambre y sin primero buscar pruebas contundentes? ¿O escogerán como presidente a un hombre que ha demostrado su valentía, su honradez, y su compromiso con la verdad y la libertad?