GANA el FMLN, pierde el país
Jueves, 5 de noviembre de 2009
En nuestra reciente historia democrática, los salvadoreños no le han dado mayoría en la Asamblea Legislativa al partido de gobierno.
Muchos han votado por el presidente de un partido, pero han apoyando a otro partido al votar por diputados. La lógica sencilla, que algunos ciudadanos políticamente maduros aplican, es que no le conviene a El Salvador, una democracia joven con instituciones aún en proceso de desarrollo, que el partido de gobierno controle dos de los tres poderes del estado. Esto se llama balance de poder. Cada uno de los tres poderes, al ser independientes, tienen el efecto de contener, controlar, y mantener el equilibrio de los otros dos.
Para disminuir las metidas de pata, los abusos, y la corrupción, es necesario que existan contrapesos a la gestión del Presidente de la República y su Gabinete. Uno de estos contrapesos es el equilibrio de poder en la Asamblea y la necesidad de concertar, debatir, y negociar en la palestra pública los temas de importancia. Con la “adquisición” de la voluntad de 12 diputados se ha eliminado la oposición real y se perdió ese equilibrio. El FMLN, con la voluntad de los 12 disidentes a su merced, tiene poder absoluto.
Es enormemente riesgoso que el partido de gobierno controle la Presidencia y la Asamblea, sea de derecha o izquierda el que esté en Casa Presidencial. Cierto grado de confianza había generado la distribución de votos en la Asamblea antes de ser conocida la alianza FMLN + 12; ni la mayoría simple, ni mucho menos la mayoría calificada -- que puede ser usada para cometer irreversibles y costosos abusos -- estaba en manos de ningún partido.
Esta confianza se desvaneció con el pacto FMLN + 12. Ahora ese bloque suma mayoría simple y con los votos del aliado de conveniencia, el PCN, tienen mayoría calificada. Además el FMLN controla todas las secretarías de estado, excepto las del área económica. Ahora el FMLN puede gobernar desde la Asamblea e incluso imponer su voluntad al Presidente Funes si sus visiones de país difieren.
¿Quién en su sano juicio estará dispuesto a invertir dadas estas circunstancias? Ahora que nuestra economía está en picada y que es cuando más confianza se requiere para revertir la tendencia, el FMLN + 12 le meten un auto gol al país. Vale mencionar y reconocer que el Presidente Funes, aparentemente, trató de evitar que esto se diera, pero fue evidente que pesó más la chequera.
Los votantes en enero no le dieron mayoría a ningún partido en la Asamblea y los que votaron por ARENA buscaban que este pudiese ser una fuerza de contrapeso a un gobierno del FMLN o contar con una fracción fuerte para apoyar la gestión de Rodrigo Ávila en el caso que hubiese sido electo. Lo último que esperaban estos votantes era una traición a su mandato. Nunca se imaginaron ver a Gallegos, supuesto hombre de “derecha”, con Sigfrido Reyes, quien lo criticó abiertamente durante la campaña, ahora abrazados. Estos cariñosos gestos parecen haber nacido de la noche a la mañana, pero venían cocinándose a fuego lento a espaldas del pueblo, con un ingrediente “motivador” que no está a la vista. Ahora también los efemelenistas pueden ver a uno de sus líderes dándose de abrazos con el hombre de Tony Saca en la Asamblea y preguntarse ¿quién se “convirtió”, el suyo o el de ellos? Lo que nadie puede dudar es quién “ganó” (el FMLN), y tampoco hay duda sobre quien “perdió” (el pueblo). En otras palabras, GANA el FMLN y GANAn algunas cuentas bancarias.
A pesar del costo de perder un puesto en la Directiva y que el bloque FMLN + 12 logra mayoría en la Directiva, bien hizo la fracción de ARENA en abstenerse a votar. El FMLN + 12 buscó comprar el aval, la confirmación moral de su acto y ofrecieron a cambio respetar el tercer puesto en la Directiva para Arena. Aceptar y apoyar esta confabulación entre el FMLN y los 12 tenía un precio que ARENA, correctamente, no aceptó pagar. ARENA dijo con este gesto que no está a la venta y que no condona este hecho que ha causado indignación a muchos salvadoreños. ARENA mantuvo su dignidad y no aceptó el chantaje.