Miguel Lacayo


Tormenta perfecta contra la economía
Miércoles, 02 de Diciiembre de 2009
Se conjugan cinco elementos en nuestra realidad nacional que oscurecen la posibilidad de reactivación de nuestra economía, y que más bien, en su conjunto le ponen anclas al despegue y la reactivación, alargando el periodo de lenta actividad económica, y profundizando el desempleo: La reforma tributaria, la perdida del balance legislativo establecido en las elecciones recientes, la baja de categoría de los créditos del gobierno, los efectos devastadores del huracán Ida, y la baja capacidad de gestión del estado para reactivar la economía y atraer inversión al país.

La reforma tributaria, ampliamente criticada como inoportuna e inadecuada, además de frenar la economía, coloca sobre el sector productivo una espada de Damocles que le mata el interés de invertir en el país. La reforma, entre otros males, al eliminar el proceso administrativo de defensa, faculta al inspector de hacienda, sobre su juicio exclusivo, para enviar un caso a la Fiscalía. De esta forma, se convierte un problema, que suele ser técnico o de interpretación, en un tema penal. Pero sobre todo, el proceso de la reforma refleja una realidad alejada a la apertura e inclusión que el gobierno trata de vender. La reforma se esta imponiendo, a pesar de los múltiples llamamientos de alerta, destruyendo la confianza entre el sector privado y el gobierno central.

La toma de la Asamblea por el FMLN +12 ha violentado el balance de fuerzas que los votantes salvadoreños establecieron en las pasadas elecciones, generando incertidumbre que es económicamente paralizante. Se reconfirmó la alianza FMLN + 12 con la aprobación de un presupuesto “ilegal”, burdamente desfinanciado, que sobrestimaba los ingresos y subestimaba los egresos. Aunque no había urgencia, se votó sin la debida discusión, sin la necesaria transparencia, y sin apego a la verdad. ¿Qué más podemos esperar luego de ver este simple ejemplo de atropello legislativo?

La baja de categoría a los créditos del país refleja que se ha reducido la capacidad de pago debido a la creciente brecha entre ingresos y egresos fiscales. Pero más aún, manifiesta una expresa perdida de confianza en la gestión económico-fiscal del país. Los evaluadores internacionales estiman que el país ya no es sujeto de créditos del más largo plazo y de las menores tasas de interés, de las que gozo recientemente.

Irresponsable, además de incorrecta, es la respuesta del jefe de gabinete al decir “no creo que haya, en términos prácticos, ninguna consecuencia” debido a que eso refleja insensibilidad a los mismos inversionistas quienes al escuchar esto asumen que el gobierno no tratara de remediar la situación que ha llevado a la reducción de “calidad” de nuestra deuda soberana. A parte de la consecuente pérdida de imagen, se da un significativo incremento en el costo de financiamiento para el estado y se reducen los plazos de los créditos, incrementando de forma importante los montos de amortización anuales, con un efecto muy perjudicial en el flujo de efectivo del gobierno.

Los efectos devastadores del huracán Ida no solo han dejado en evidencia el descuido por parte de la autoridades del gobierno central y lo costoso que puede ser despedir personas con experiencia en puestos que requieren capacidad y experiencia. Pero más aún el lento proceso de reestablecimiento de la normalidad y la reactivación de las zonas afectadas cuelga otro lastre al despegue de la economía.

La baja capacidad de parte del Estado para inyectar dinamismo a la economía se ve reflejada en la ausencia de proyectos dinamizadores y en el pobre nivel de inversión pública. El gobierno anuncia como logro la construcción de un hospital de maternidad que ni siquiera cuenta con el financiamiento ni con fecha de construcción. De similar forma anuncia un proyecto de vivienda para todos sin que una tan sola casa se haya financiado bajo este programa. ¿Cuales obras son de verdad y cuales son intenciones anunciadas con gran pompa? Este gobierno ha demostrado tener grandes intenciones, pero la realidad es que existe una enorme brecha entre sus intenciones y su desempeño.

La conjugación de los hechos relatados arriba crea un círculo vicioso que pone frenos y que reduce aun más la capacidad del gobierno para reactivar la economía.

No se vislumbran soluciones concretas y planes efectivos que puedan alimentar el despegue.

Por su parte, el sector productivo nacional e internacional casi no invierte en el país debido a la incertidumbre sembrada por el gobierno del FMLN, experimentando el menor nivel de inversión extranjera en el país de los últimos 10 años. De un promedio anual de $400 millones, en el 2009 llevamos tan solo $47 millones.

¡Vaya perdida de confianza! Los factores mencionados disuelven las posibilidades de arranque económico a corto plazo.

Si el gobierno tiene otra visión, debería comunicarla, pero con su respectivo sustento y acompañada de acciones que la población pueda palpar de verdad.