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Lo popular no es necesariamente lo bueno
Martes 2 de diciembre de 2008
Históricamente la evidencia económica demuestra que los incrementos al salario mínimo resultan en incrementos del desempleo, particularmente de los que más lo necesitan, los que están entrando a la fuerza laboral o de los menos calificados.
Irónicamente entonces, en lugar de reducir la pobreza, esta incrementa después de aumentar el salario mínimo. El Presidente de la República y los candidatos a Presidente parecen estar de acuerdo en incrementar el salario mínimo. Este tema nace hace varios meses, previo a que se hiciera evidente en nuestro país la crisis internacional. Dado que las circunstancias han cambiado, vale la pena considerar si dicha política traería buenas consecuencias. Además de que podríamos consultarle a las decenas de miles de personas que perderían el empleo por la medida, podemos hacer algunas consideraciones técnicas. Un incremento al salario mínimo suena como algo razonable y correcto con el objeto de reducir la pobreza y mejorar la capacidad de compra de la población. Es, generalmente, una política popular y aceptada por las mayorías. Pero hablemos de la realidad, no de los dogmas. El salario es un tipo de precio, el que se paga por el servicio de mano de obra a una persona. Apliquemos al salario la conocida Ley de Oferta y Demanda; a más alto el costo de un bien o servicio, menor será su demanda. Por ejemplo, si el precio de los vehículos sube, hay menos personas que los pueden comprar. Si el precio del pollo sube, compramos menos pollo. De similar forma, si los salarios suben, las empresas contratan a menos empleados. No obstante, cuando la economía está en franca expansión y hay liquidez y estabilidad macro económica, periodos en los cuales el crecimiento de la actividad económica incrementa la demanda laboral (hay muchas empresas contratando y pocas empresas despidiendo), los incrementos al salario mínimo son tolerables y manejables. Pero cuando la economía está en desaceleración, cuando las empresas ya están haciendo grandes esfuerzos para no despedir, cuando ya se dieron en nuestro país y en países vecinos despidos masivos por la crisis económica, y cuando nuestro principal socio comercial ya entró en recesión, un incremento al salario mínimo solo vendría a profundizar y alargar la crisis, incrementando el desempleo y la desesperación en la gente. En El Salvador significaría la perdida de más de 50,000 empleos. El sector textil y confección despediría más de 15,000 empleos directos casi de inmediato. Todo el mundo se ve afectado por la crisis internacional, pero parece que somos el único país que en medio de la crisis esta considerando esta política. Adicionalmente, en nuestro caso, ni siquiera generaría crédito político ya que a la gente lo que le preocupa hoy es "preservar su empleo". El costo de vida actualmente ha pasado a un segundo plano y de todas maneras, estos incrementos rápidamente se traducen en incrementos de precios que contrarrestan los beneficios. No se requiere ser economista para darse cuenta que todo sube después de incrementos al salario mínimo. La medida aunque podría parecer una política popular, no sería una buena política, en efecto, sería irresponsable. O que expliquen quienes proponen el incremento, cómo se mantendrán las familias de las personas que al perder su empleo perderán su sustento. |