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¿Cuál es el cambio que necesitamos?
Viernes, 29 de Agosto de 2008
Los latinoamericanos siempre nos quejamos de que nuestros líderes políticos nos traicionan, haciendo que creamos en ellos cuando nos prometen paraísos en la tierra sólo para descubrir que en vez de paraísos nos dan populismo, corrupción, incompetencia y retraso económico y social.
En estas circunstancias nos vemos cómo alguien que, después de ser estafado varias veces con el truco del billete premiado de la lotería desea realizar un cambio en su vida para no ser estafado otra vez. La pregunta es, ¿Cuál es el cambio que necesitamos para evitar futuras estafas? Hay dos posibilidades. Una es que los estafadores se vuelvan honestos y buenos y nos vendan un billete efectivamente premiado de la lotería por un centésimo de su valor. La otra es que dejemos de creerles a los estafadores, dándonos cuenta de que nunca vamos a lograr grandes premios sin esfuerzo, de que el milagro del desarrollo no se dará sin tener que educarnos y que de un día para otro no tendremos todos las riquezas que vemos en las películas de televisión. La probabilidad de que los vendedores de billetes premiados se vuelvan honestos es cero. Esto no va a pasar. Si les seguimos creyendo a los estafadores, nos van a seguir estafando. El creer que los milagros que los vendedores de alfombras voladoras ofrecen no sólo retarda el progreso sino también lo echa para atrás, ya que por estar esperando el milagro que nunca llega y por estar escuchando a los que lo ofrecen no se hacen las cosas que sí llevan al progreso -como la inversión en capital humano, la mejora de la competitividad y similares- y no se elige a los que las pueden liderar. La perversidad de esta búsqueda de milagros y billetes premiados es evidente en Latinoamérica. Los vendedores de alfombras voladoras y billetes premiados que se plantean como los líderes del cambio -como Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa- son en realidad la expresión de la falta de cambio en la región. Son las reencarnaciones de la figura más arcaica y nefasta de la política latinoamericana: el caudillo mandón y payaso que, predeciblemente, lo primero que busca al subir al poder es el cambio de constituciones para perpetuarse en el mando, justificando su entronización como necesaria para asegurar “el cambio”. Es lo mismo que han dicho todos los tiranos latinoamericanos de derecha y de izquierda desde nuestra independencia. En vez de asegurar el cambio, ellos han asegurado que lo más pernicioso de nuestros sistemas políticos -el caudillismo mismo- se mantenga igual para maleficio de nuestros pueblos. Ya deberíamos estar hartos de caudillos después de dos siglos de sufrirlos y ya nos deberíamos de reír de los cambios que ofrecen. El cambio que necesitamos es botar a los populistas y sus ideas -tanto en la derecha como en la izquierda-. Pero la historia ha demostrado que ese cambio es muy difícil de dar para los que hemos crecido en la cultura latinoamericana. El cambio en el que queremos creer es el que nos ofrece el vendedor de billetes premiados -que todos vamos a ser ricos sin esfuerzo, que todos vamos a ser más ricos que nuestros vecinos, que este será el único país del mundo en el que los precios del petróleo y los alimentos van a bajar aunque suban en todos los demás, que las crisis mundiales no nos van a pegar, que todos tendremos 17 televisores, 24 iPods, 4 BMW, y así (porque los que más creen en el billete premiado no son los pobres sino los de clase media, especialmente los que han ingresado a ella recientemente por aumentos de ingresos y consumo que nunca les parecen suficientes)-. Y así la historia vuelve a repetirse, con el estafador ofreciendo cambios que no puede entregar y nosotros queriendo creerle y comprándole el billete, esperando que esta vez el estafador sea honesto. Con razón hay un libro que se llama “El perfecto idiota latinoamericano”. Al no cambiar nosotros, en vez de cambio lo que logramos es que todo siga igual, perpetuando nuestra mentalidad tercermundista y, con ella, nuestro subdesarrollo. |