Manuel Hinds
La derrota de Funes como agente de cambio
Miércoles, 28 de Mayo de 2008
El candidato Mauricio Funes comenzó su candidatura planteándose como un candidato moderado, representante no de los extremistas del FMLN sino de la izquierda moderna del tipo que gobierna en muchos países en Europa y en Chile, Brasil y Uruguay en Latinoamérica.

Personalmente, se planteaba como el líder de la modernización del FMLN y como el estadista en potencia que, así como Tony Blair en el Reino Unido, Felipe González en España y Ricardo Lagos en Chile daría a El Salvador la posibilidad de tener alternancia en el poder sin por eso perder la estabilidad democrática y económica.

En realidad, este ha sido uno de los argumentos que el candidato Funes y sus asesores han usado en sus reuniones con empresarios, profesionales y públicos centristas. En sus presentaciones ellos han notado que la amenaza de que en el país se instale un régimen comunista o modelado en los del presidente Hugo Chávez y sus satélites tiene efectos muy negativos en la inversión-que se detiene cuando las elecciones se acercan y que tiende a limitarse en el resto de los años a proyectos que puedan realizarse y ser rentables en menos de lo que dura un período presidencial. Esto, ha dicho Funes, terminaría con su potencial presidencia, que respetaría la democracia y la economía de mercado.

Este discurso, sin embargo, no era el único que manejaban el candidato y el FMLN. El partido siguió manejando un discurso extremista, a veces contradiciendo directamente las afirmaciones del candidato.

Este doble discurso causó inmediatamente dudas en los observadores y la emergencia de dos teorías para explicarlo. Una de estas era que realmente había una diferencia de opiniones entre la vieja, viejísima guardia que controla el FMLN y el candidato. Esta teoría tenía sub-teorías: unas decían que Funes ganaría en la confrontación, otros que decían que el partido lo estaba usando únicamente para ganar las elecciones y le quitaría el poder al nomás ganarlo.

La otra teoría decía que no había ninguna diferencia de opinión entre el candidato y el partido, que los que seguían mandando eran los extremistas de la viejísima guardia y que Funes lo sabía y lo aceptaba, dando el discurso moderado sólo para obtener votos. Para paliar estas dudas, el candidato siempre aseguraba que él sería el que definiría el rumbo que tomaría su plan de gobierno.

Estas dudas se dispersaron del todo cuando la semana pasada el FMLN, contradiciendo esta última aseveración del candidato, anunció que su plan de gobierno sería manejado en una comisión controlada por la viejísima guardia, en la cual el asesor económico del candidato ni siquiera participa.

¡Qué rápido perdió Mauricio Funes la oportunidad de ser el Tony Blair, o el Felipe González, o el Ricardo Lagos de El Salvador! Si ganara las elecciones, pasaría a la historia no como un estadista como ellos sino como lo han hecho esos oscuros caracteres que han servido como pantallas para tapar a los que verdaderamente mandan-como lo hicieron Leonardo Argüello y Benjamín Lacayo, que fueron presidentes de Nicaragua en los años cuarenta para que Anastasio Somoza mandara sin tener el título de presidente.

Bajar de la posibilidad de ser estadista a la certeza de ser en el mejor de los casos un encubridor de los que realmente mandan es una gran derrota personal y política. ¡Qué lástima!