Manuel Hinds
La develación de Mauricio Funes
Miércoles, 27 de Agosto de 2008
Las últimas encuestas muestran una tendencia muy clara: que la ventaja inicial que le llevaba Mauricio Funes a Rodrigo Ávila se está disminuyendo rápidamente como resultado de un estancamiento de Funes y un crecimiento de Ávila. Esto se aprecia en la gráfica adjunta, que compara las encuestas de los últimos meses de Borge & Asociados y de CID-Gallup.

El estancamiento de Funes es síntoma de una crisis muy seria que es aparente en su campaña. Desde su lanzamiento su candidatura estuvo marcada por la ambigüedad. Inicialmente, dicha ambigüedad estaba relacionada con su relación con las jerarquías del FMLN. Funes se pintaba ante la opinión pública como el Tony Blair o el Felipe González de El Salvador -el líder que iba a transformar el FMLN del extremismo a la moderación indispensable para un partido que quiere gobernar y no establecer la dictadura de la turba-. Las dudas de ese momento eran si era sincero en sus anunciadas intenciones y, si lo era, si sería capaz de dominar políticamente a la jerarquía del partido para llevarlas a cabo. Una serie de confrontaciones ha disipado estas dudas de una forma que contradice todo lo que Funes quería proyectar.

Primero, después de presentarse como un líder independiente, Funes aceptó muy sumisamente que las decisiones más grandes de su potencial gobierno-la formulación del plan de gobierno y la identificación de los diputados que lo apoyarían en la asamblea-los tomaría la jerarquía del partido. Con eso, se pintó como un instrumento de la jerarquía, lo contrario de lo que pretendía al principio.

Segundo, ha cambiado el mensaje que da al electorado. Al principio, como se pintaba como líder moderado, su mensaje tenía que ser moderado también. Ahora que ha aceptado que no es líder sino sólo un representante de sus controladores, que son radicales, se ha convertido en un vocero de lo que dicen ellos.

Tercero, después de intentar proyectarse como un candidato de la moderación, se ha mostrado antojadizo, autocrático, colérico y poco razonable. Estas características brillaron en su ataque al Presidente de ANEP Federico Colorado, a quien acusó de tomar ventaja de privilegios dados por el gobierno para enriquecerse-no sólo sin presentar pruebas sino diciendo que él, Funes, no tenía que presentarlas porque era deber de Colorado el demostrar que no era culpable. Esta aseveración-que el acusado debe demostrar que no es culpable en vez de que el acusador, cuando es Funes, tenga que demostrar que lo es- muestra no sólo ignorancia de lo que son los derechos humanos más fundamentales en la democracia (el derecho a ser oído y vencido en juicio antes de ser condenado) sino, además, una personalidad ególatra.

Es decir, a través de los meses lo que ha emergido es otro candidato, muy diferente al que entusiasmó a muchos votantes del centro y aun de la derecha porque prometía convertir al FMLN en un partido responsable y moderado, dando estabilidad de largo plazo al país. Es lógico que al develarse como lo contrario de lo que prometió se haya estancado.