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¿Pero es que realmente hay una crisis?
Viernes, 27 de Junio de 2008
¿Cómo podríamos medir la gravedad de la crisis económica que está viviendo el país como consecuencia del aumento desmedido de los precios del petróleo y de la comida? Una manera es observando las reacciones de los políticos a los problemas causados por ella.
Diseñemos un indicador para medirlas. Digamos que la gravedad 1 es aquella que aqueja a problemas que no tienen trascendencia y que sólo requieren de respuestas retóricas de parte de los políticos. La gravedad 2 requiere tomar medidas que hagan que parezca que los políticos están haciendo algo y formar comisiones que desfoguen el ambiente. No importa si estas medidas empeoran el problema, que de todos modos es pequeño, o que las comisiones se enreden en interminables discusiones y contra-discusiones; lo importante es que se vea acción. La gravedad 3 es suficiente para tomar medidas que realmente contribuyan a la solución de la crisis pero no tanto como para justificar tocar los privilegios de las vacas sagradas. La gravedad 4 es tan grande que requiere soluciones que hay que tomar aunque interfieran con los privilegios de las vacas sagradas. Si usamos este indicador para medir la gravedad de la crisis uno se despreocupa, porque es claro que nuestros políticos no han perdido su sueño: han respondido con reacciones de intensidad 1 y 2-dando respuestas retóricas; formando comisiones; proponiendo medidas que, como el control de precios, dañan a la economía pero dan la impresión de que el proponente está activo en el problema. Ni siquiera han llegado al nivel 3, en el que se dedica un mínimo esfuerzo para identificar soluciones fáciles y obvias a los problemas. Ejemplo: el Vicepresidente Ejecutivo del Banco Mundial, Juan José Daboub, visitó el país y ofreció refinanciar una buena parte de la deuda pública a una tasa de interés bajísima-al Libor, que es la tasa a la que se prestan los bancos en Londres-. Esto representaría una rebaja promedio de 2.7 puntos de interés, que nos daría un ahorro de 70 millones de dólares anuales que se podrían ocupar para educación, salud o transferencias directas para subsidiar el consumo de los pobres que se están ahogando por los precios tan altos del transporte y la comida. Nadie le paró bola. Pareciera que estamos tan bien y tan ricos que no nos movemos por 70 millones. Y ya no hablemos del nivel 4. Si la crisis fuera nivel 4, los políticos ya hubieran tomado acción para resolver el problema del transporte, que es tan fácil de resolver pero que toca los intereses de las vacas más sagradas del país-los buseros-. Si el problema fuera grave, y fuera cierto que a la gente ya no le alcanza el dinero para pagar los buses, los políticos ya hubieran obligado a los buseros a reducir el número de buses para que desperdicien menos gasolina y hubiera bajado los precios de los tiquetes. Pero si no lo hacen es porque sin duda están usando los precios de los tiquetes para bajar el consumismo obsceno de nuestros compatriotas, sacándoles el dinero antes de que lo boten en cosas innecesarias. Esté atento, señor lector, a ver si siquiera toman en serio la oferta del Banco Mundial. |