Manuel Hinds
Enigmas por desentrañar
Miércoles, 25 de Junio de 2008
Algunas de las peores amenazas sobre la economía salvadoreña para los próximos años provienen, no de la crisis que se cierne sobre todo el mundo, sino de la posibilidad de que el gobierno -este o el siguiente- tome medidas que vuelvan peores los problemas y obstaculicen la recuperación de la economía.

Uno de los ejemplos más claros de esto es la instalación -abierta o escondida en un acuerdo "voluntario" del gobierno con el sector privado- de controles de precios que el candidato Mauricio Funes apoyó la semana pasada.

Pocas cosas hay que vayan tan en contra de la solución de un problema de carestía, ya que al mantener los precios artificialmente bajos no sólo se causa una escasez artificial en el mercado oficial combinada con precios desordenadamente altos en los mercados negros que inmediatamente emergen, sino que, al forzar la venta formal a precios más bajos que los del mercado, se desincentiva la producción -con lo que se empeora el problema, ya que la oferta disminuye cuando debería aumentar.

Al enfrentar una crisis es siempre importante tener presente que la única solución sostenible para la carestía de un grupo de productos es aumentar su producción. Con controles de precios se asegura que la producción y otras fuentes de oferta disminuyan, con lo que el problema se vuelve peor, no mejor.

La amenaza de las malas ideas que empeoran o no mejoran la situación es grave cuando hay una crisis porque todos los políticos se vuelven hiperactivos para que no los acusen de no hacer nada frente a la crisis. Entonces agarran cualquier idea que les suena sin pensar ni medio minuto en su conveniencia o inconveniencia.

De esta forma se adoptan algunas ideas que lo dejan a uno pensando en cuál será el beneficio de ellas. Por ejemplo, el Ministerio de Agricultura ha venido comprando maíz y otros cereales junto con los ministerios de agricultura del resto de Centro América. Hace unos días, anunció que iba a vender porque el precio del maíz había subido mucho.

El Ministerio todavía no ha anunciado si logró su propósito. Pero, estimado lector, asumamos que lo logró y que los precios bajaron al aumentar la oferta. Entonces apliquemos la misma lógica a la compra que el mismo Ministerio hizo en las semanas anteriores: esta compra tiene que haber causado un aumento de precios, que tiene que ser igual a la bajada de precios que la venta de la misma cantidad de maíz causará.

Entonces, uno se pregunta: ¿qué ganamos con estar primero subiendo los precios al comprar para luego bajarlos al vender? Este es un enigma que el gobierno debe aclarar para que la ciudadanía esté segura de que los millones de dólares que se están ocupando en estas subidas y bajadas no estarían mejor usados en otras actividades indispensables del Estado.