Manuel Hinds
Los pronósticos al revés
Viernes 24 de octubre de 2008
Existe en nuestro ambiente el pueblerino vicio de la exageración, motivado en gran parte por la búsqueda del protagonismo y la fama a través de asustar al público.

Así, en los últimos meses nuestros medios de comunicación se han llenado de terribles predicciones que han ido desde que el dólar iba a desaparecer ante el embate de las fortísimas monedas como real brasileño y el peso argentino hasta que por diez años tendríamos racionamiento de comida y, recientemente, que el país, que tiene una de las deudas más bajas del continente como porcentaje de sus exportaciones y de su producción, y un sistema bancario sumamente sólido, está a días de sufrir una catástrofe financiera.

Estos oráculos, que a pesar de no haber visto jamás una crisis financiera se han convertido en instantáneos expertos en ellas, hacen estos pronósticos con seriedad impresionante. Más impresionante, sin embargo, es el récord de equivocaciones que han acumulado en bien poco tiempo. En estos párrafos puede usted recordar algunos de los pronósticos que hicieron hace apenas unos tres meses.

El petróleo va a llegar a $200 para el tercer trimestre del 2008. El precio del barril de petróleo alcanzó su máximo de 147 dólares en Julio y luego ha entrado en picada. Al momento de escribir estas líneas, el precio estaba en 67.57 dólares, a menos de la mitad que en julio y a una tercera parte de lo que los oráculos predijeron.

Los precios internacionales de los productos primarios alimenticios van a subir explosivamente hasta la estratosfera y van a durar altísimos, combinados con escasez de alimentos a nivel mundial, por lo menos por diez años.

Los precios de estos productos han caído desde que los oráculos pronosticaron su subida infinita y están ahora a la mitad de lo que estaban en julio. Si usted hubiera comprado productos primarios alimenticios en ese mes para estar preparado contra la gran escasez que venía, habría perdido la mitad de su dinero.

No hay escasez de comida, las grandes colas de gente peleándose por el último frijol que usted imaginó al oír a los oráculos no existen.

El dólar va a colapsar totalmente y el euro se apreciará. Como en los otros casos, lo que pasó fue lo contrario: la moneda que se ha depreciado (devaluado) es el euro y la que ha subido es el dólar. El 16 de julio, la tasa de cambio estaba en 1.59 dólares por euro.

Ayer en la mañana estaba en 1.29 dólares por euro. Es decir, el euro se había depreciado contra el dólar en un 25 por ciento. Si usted le hubiera hecho caso a los oráculos y hubiera cambiado sus dólares por euros, hubiera perdido 25 por ciento de su dinero en sólo tres meses.

Las economías grandes de América Latina--Argentina, Brasil y México-- son ya más fuertes que la de Estados Unidos y sus monedas más estables que el dólar porque le venden a China. Argentina está al borde del colapso.

Las monedas de Brasil y México se han devaluado más del 30 por ciento contra el dólar, el peso chileno 25 por ciento, el peso colombiano 20 por ciento. En estos países y en todo el mundo, la gente está convirtiéndose al dólar porque sienten que es la moneda más segura.

No hay duda que la situación mundial es difícil y que tenemos que analizarla para manejarla inteligentemente.

Pero usted no maneja inteligentemente su salud si va a médicos que le dicen que su problema está en el corazón cuando realmente está en los pulmones, o que le dicen que el peligro es que se le suba la bilirrubina cuando en realidad se le está bajando.

No es inteligente ir a médicos que han oído las palabras técnicas y las repiten sin saber lo que significan. Si usted les hubiera hecho caso a estos médicos en los últimos meses, usted habría tomado decisiones radicalmente equivocadas y perdido la camisa.

La próxima vez que le digan que el país está a días o minutos de sufrir un descalabro financiero, monetario, económico, social, espiritual, metafísico y fiscal no se asuste. En vez de eso pregúntele al oráculo de turno por qué ahora debe de creerle, si ninguna de las catástrofes que anunció en los meses y años pasados se ha vuelto realidad.

Recuérdele todas las predicciones terribles que han hecho en todo este tiempo y hágale ver, una por una, sus equivocaciones, recordándole la seguridad con la que las hicieron.

Y luego dígale que, con un récord como este, cualquier tirador de Tarot hubiera ya dejado su profesión y adoptado otra, si no por vergüenza entonces porque nadie le prestaría ya atención a sus catastróficas predicciones --catastróficas no por su contenido de catástrofes, sino porque nunca pegan ni de cerca--.