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Montando un tigre
Jueves, 24 de Julio de 2008
Recientemente, el candidato del FMLN se ha enfrentado a su partido en dos temas cruciales: el contenido de su plan de gobierno y la selección de los candidatos para diputados del partido. Ambos temas son cruciales para su candidatura y para su potencial presidencia.
Su participación para definirlos es aún más crucial: es en este conflicto que se decidirá si él, Mauricio Funes, será o no será utilizado como un títere por los jerarcas del FMLN. El hecho de plantear la confrontación honra a Funes, ya que muestra que él no está dispuesto a ser títere de nadie, y títere sería si no fuera él el que definiera qué es lo que quiere hacer en su potencial gobierno y en quiénes se apoyaría en el poder legislativo para poder hacerlo. Un presidente sin apoyo legislativo es como un carro sin gasolina, y un presidente que se ve comprometido a hacer algo que él mismo no diseñó queda reducido a ser una pantalla vergonzosa al servicio de poderes que se ocultan detrás de él. Al plantear el conflicto, Funes está demostrando que no quiere verse reducido a este papel, y que está dispuesto a luchar para no verse obligado a jugarlo. Al plantear el conflicto, Funes también ha tomado un curso irreversible, ya que para él no quedan caminos intermedios. Él tiene que arrebatar el poder de los jerarcas que ahora mandan en el partido, que por supuesto están decididos a definir ellos mismos el programa de gobierno y las listas de candidatos a diputados. Esta confrontación no puede terminar en un empate. Funes tiene que ganarla y ganarla significa cambiar el Comité Político del FMLN para poner su propia gente. Esa es lo que los líderes como Tony Blair y Felipe González tuvieron que hacer para convertir a sus partidos de los dinosaurios anticuados que eran en partidos de izquierda moderna, dinámica, progresista. Eso es lo que se le exigió a Rodrigo Ávila para demostrar su independencia. Ahora hay que exigírselo a Mauricio Funes. Si no lo logra, se enfrentará a una decisión muy clara: o acepta verse reducido a ser el títere de estos jerarcas, o renuncia a su candidatura para no deshonrarse como persona y para no deshonrar las promesas que está haciendo al electorado salvadoreño. Es una situación dura, la de tener que ganar en su confrontación con los jerarcas o irse, especialmente ahora que muchos creen que él podría ganar las elecciones, pero es que todas las confrontaciones políticas son duras y él escogió ponerse en estas circunstancias-ofreciéndose para cambiar la cara de un partido que se ha distinguido en el pasado por tener una férrea comandancia que no acepta disensiones-. Ahora tiene que definir si ese cambio de cara sería real o es sólo una farsa. Si es una farsa, y lo será si él no logra cambiar al Comité Político del FMLN, el único camino honroso que le queda es renunciar y denunciar la farsa. Esto le conservaría el respeto de la gente y le permitiría seguir con su carrera política. |