Manuel Hinds
Se cayó la chancleta
Martes, 24 de mayo de 2008
No había yo terminado de escribir el artículo anterior, en el que decía que no se podía acusar a Mauricio Funes de hacer promesas populistas cuando él estaba haciendo declaraciones apoyando el control de precios disfrazado de un "acuerdo" entre el sector privado y el gobierno --una medida populista como la que más, inspirada en un acuerdo de este tipo que fue firmado recientemente en México--.

Esta medida suena muy innovadora. Pareciera que es una mezcla ideal de libertad de mercado (en lo que es voluntaria) con la intervención gubernamental (en lo que crea una obligación de no subir los precios, con lo que además de voluntaria es obligatoria).

Sin embargo, no es innovadora. Se ha probado en muchísimos lugares durante siglos, últimamente en Argentina y en Venezuela. Tampoco es ideal, ni siquiera efectiva.

En todos los casos en los que se ha probado ha dado uno de dos resultados: o no sirve para nada más que hacer unas declaraciones políticas (si predomina la parte voluntaria del acuerdo y los precios siguen subiendo igual o más que antes) o resulta en desabastecimiento (si la parte obligatoria predomina, de tal forma que los artículos controlados desaparecen de los canales formales de distribución). Esto segundo es lo que pasó en Argentina cuando el gobierno hizo su acuerdo con los supermercados y es lo que está pasando en Venezuela desde hace mucho tiempo.

Allí el gobierno se llena la boca diciendo que el precio de la leche no ha subido -el problema es que no hay leche (ni pollos, ni carne, que son otros productos controlados).

Por supuesto, siempre es posible en estos casos comprar los bienes escasos en el mercado negro, a precios mucho más altos que los oficiales y también mucho más altos que los que prevalecerían en un mercado libre (porque en el mercado negro hay un riesgo, que se cobra).

La gente más afectada en esta situación son los pobres, que no pueden comprar los bienes que necesitan a los precios oficiales porque no hay productos en las tiendas, y que no pueden pagar los precios que se cobran en los mercados negros.

Los que más se benefician son los que compran barato en el mercado oficial para vender en el mercado negro -que muy frecuentemente son gente del mismo gobierno que se aprovechan de sus cargos para comprar a los precios oficiales antes de que los productos lleguen a las tiendas. Pocas medidas han probado tantas veces ser tan negativas como los controles de precios.

Pero el candidato Funes no resistió la tentación de apoyar la idea de controlar los precios "voluntariamente". Puede haberlo hecho por dos razones. Una es que ignore la amplia experiencia que existe en este tema -lo que es grave porque siendo candidato a la presidencia debería de conocerla, él o sus asesores.

La otra es que haya apoyado la idea aún sabiéndolo, lo cual es aún más grave, porque evidenciaría el cinismo político que es la marca del populista.

El haber apoyado esta idea es un grave error del candidato porque el pueblo castiga electoralmente los engaños- como lo hizo, por ejemplo, con el gobierno del Presidente Duarte, que cayó en las tentaciones del populismo, haciendo pasar a su partido de ser mayoritario a ser uno de los partidos pequeños del país.