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La Patria Soy Yo
Martes, 24 de Febrero de 2009
Bien dicen que por la boca muere el pez. Al gritar “La patria soy yo” enfrente de las cámaras de televisión en la noche en que ganó la posibilidad de ser reelecto para siempre, el presidente Hugo Chávez de Venezuela, que gusta de presentarse como si fuera el avatar del desarrollo político de Latinoamérica -y quizás, según él, del mundo- se pintó como lo que realmente es: una manifestación de las estructuras políticas más arcaicas de la región y del mundo entero.
Su grito fue una versión vulgarizada de la famosa frase del rey Luis XIV de Francia: El Estado Soy Yo. Esa frase se convirtió en la insignia dorada de los autócratas que gobernaron Europa y el mundo por muchos siglos, y en el símbolo negro de la tiranía que ellos imponían para los liberales que finalmente terminaron con ellos para dar nacimiento a la democracia. Mucha gente murió para terminar con el servilismo que hacía que el capricho de un rey se convirtiera en el deseo de una nación. ¿Cómo es posible que ahora haya gente que quiera reinstaurar el mismo servilismo, ahora orientado a Hugo Chávez, que se mofa de ellos mismos gritando que la patria es él? Los tiranos y los caudillos han entendido desde siempre que para que la gente los acepte tienen que incorporar en su ser algo más grande que ellos, algo que haga que la gente los vea como superhombres y les den su servilismo sin reservas. El servilismo de la época de Luis XIV es fácil de entender cuando uno toma en cuenta que la Iglesia Católica usaba toda su influencia sobre las mentes y los corazones de sus fieles para inculcar en la gente el concepto del “derecho divino de los reyes”, según el cual Dios había dado a éstos el derecho a ser la patria, o el estado, y la obligación a todos los demás a hacerles caso en todo. Así pues, en una época de gran ignorancia, los reyes se aliaban con la Iglesia Católica para manipular la credibilidad de los creyentes e imponer un régimen autócrata sobre los pobres ciudadanos. Un ejemplo más reciente es el de Francisco Franco en España, en donde la Iglesia Católica ponía en las procesiones un palio sobre el tirano, como si fuera El Santísimo, y lo llamaba “Por la gracia de Dios, Caudillo de España”. No puede negarse que el show de poder era impresionante: un rey o un caudillo autócrata venerado servilmente por la Iglesia Católica, la organización políticamente más poderosa del mundo y supuestamente la que hace que cosas se aten en el cielo cuando ella las ata aquí en la tierra. Es igual que con los ayatolas en los países musulmanes. El que no sea servil al tirano se va al infierno. Cualquiera se acobardaba y decidía ser servil antes que perder su alma. Pero el servilismo a Chávez, y a Castro, otro que podría decir que la patria es él, es mucho más difícil de comprender (ahora, en realidad, Castro podría decir “la familia Castro es la patria”, ya que el poder en Cuba, igual que en Francia en la época de Luis XIV, es hereditario). La gente ya es menos ignorante y ha crecido en los principios de separación del estado y la iglesia que han prevalecido en el país desde que se introdujo la democracia liberal en el siglo XIX. Y aunque la Iglesia ha apoyado a Castro y a Chávez por momentos, la base de estos tiranos ha sido no la religión del más allá, sino religiones igualmente dogmáticas pero aplicadas a la realidad de este mundo: el marxismo y un invento nunca definido llamado el “socialismo del siglo XXI”. El marxismo ya fracasó en todos los países en los que se probó durante el siglo XX. El socialismo del siglo XXI no existe ni como doctrina ni como práctica. Chávez podría igualmente decir “El Socialismo del Siglo XXI Soy Yo” porque dicho socialismo en realidad se define como cualquier cosa que haga Chávez. Es el servilismo a caprichos, a rabias, a sudorosas arbitrariedades. Ser servil a Chávez es así mucho peor que haber sido servil a los reyes absolutos, cuando el servil podía decir que lo era a un poder del más allá. El servilismo actual sólo se entiende en los términos de un negocio. Chávez compra, y Nicaragua, Ecuador y Bolivia obedecen. Ahora, el FMLN está empeñado en que El Salvador vuelva realidad otra frase famosa de Chávez, pronunciada cuando estaba describiendo como iba a crecer su reino. Después de gritar que Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia eran la patria, gritó ¡El Salvador es la Patria! Ponga esta frase junto a la que pronunció más recientemente -¡la Patria soy Yo!- y entienda la enorme magnitud del servilismo del FMLN. |