Manuel Hinds


La situación monetaria
Jueves, 22 de abril de 2009
Hay personas que tratan de llamar la atención y hacerse una carrera y un prestigio a través de continuamente anunciar desastres económicos. Los últimos meses de 2008 -con elecciones en las que podía ganar por primera vez el FMLN a meses de distancia y con una crisis financiera explotando en todo el mundo- proporcionaron circunstancias muy propicias para generar terror en la ciudadanía.

En esos meses abundaron las presentaciones de Powerpoint “demostrando” que el gobierno estaba quebrado e iba a sucumbir financieramente en unos cuantos días; que el sistema financiero iba a colapsar también en días, si no horas; que la fuga de capitales iba a ser terrible; que los depósitos de los bancos iban a caer ante corridas espantosas con colas inmensas clamando por su dinero; que la crisis iba a ser peor que la de Argentina en 2001, y que, igual que allá, se iba a establecer un “corralito” -un régimen en el que a la gente se le permite pagar todo lo que quiera siempre que sea con cheques pero que no permite los retiros en efectivo de los bancos-.

A mí me sorprendió la imaginación tan tropical que llevaba a hacer estas predicciones porque en mi experiencia -he trabajado para gobiernos e instituciones financieras en varias crisis financieras, entre ellas Chile, Colombia, Uruguay, Argentina, Venezuela, Ecuador, México, Yugoslavia, Rusia, Indonesia, República Dominicana y Tailandia- El Salvador no presentaba ni de cerca ninguno de los síntomas que presagian una crisis. Ciertamente, es sano estar siempre vigilante y especialmente en tiempos de crisis mundial y de riesgos políticos en el país. Pero de allí a gritar que el país estaba cayendo en una crisis espantosa era como ver a un médico que sin examinar a un paciente -quizás sin la capacidad técnica de examinarlo- le gritara a éste que tiene cáncer porque ha leído que el cáncer puede darle a cualquiera. En un artículo anterior mostré cómo, con una deuda equivalente al 33 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), no puede decirse que el gobierno está quebrado cuando una deuda de 40 por ciento del PIB (como 1,500 millones de dólares más que ahora) todavía se considera muy satisfactoria. Es decir, el gobierno no está en quiebra ni ha estado cerca de estarlo.

De igual forma, el sistema monetario y financiero no ha colapsado ni de cerca -en realidad ha mostrado una gran solidez-. Vea usted con sus propios ojos en la Gráfica 1 cómo los depósitos del sistema bancario -que según los pronósticos de desastre iban a caer catastróficamente- siguieron subiendo durante 2008, de tal forma que ahora (a febrero de 2009) el sistema tiene los depósitos más altos que ha tenido jamás -y esto con cifras de febrero-, a menos de un mes de las elecciones de presidente. Note usted que en abril y en octubre de 2008 hubo pequeñas caídas, pero, como puede ver en los datos de 2006 y 2007, estas caídas son comunes, resultado de fluctuaciones estacionales en los depósitos. Ciertamente que los depósitos crecieron menos en 2008 que en 2007, pero eso es parte de las normales fluctuaciones en la tasa de crecimiento de la economía (note que en 2007 también crecieron menos que en 2008). Ahora dígame usted, estimado lector, ¿en dónde están los síntomas de una fuga enorme de capitales en esas curvas? ¿De donde salió la histeria, si lo que muestran las gráficas es una gran estabilidad y crecimiento, aún en los últimos meses antes de las elecciones?

La Gráfica 2 muestra que la situación monetaria y financiera de El Salvador no sólo ha sido estable sino que lo ha sido más que el resto de Latinoamérica. Esa gráfica muestra los cambios en las reservas internacionales de los bancos centrales de todos los países de la región desde que comenzó la crisis financiera global en Septiembre de 2008. Note usted que sólo tres países experimentaron aumentos en sus reservas (El Salvador, Costa Rica y Uruguay), y que de éstos, el que experimentó un aumento mayor fue precisamente El Salvador, el país que según los agoreros estaba en una crisis terrible, con una hemorragia de depósitos y reservas. Las reservas de El Salvador crecieron en un 7 por ciento, mientras las de, por ejemplo, la República Dominicana, cayeron en 18 por ciento, las de Brasil en casi 10 por ciento, las de México en 9 por ciento. ¿Ha visto usted alguna vez un país que entra en crisis cuando sus reservas van aumentando?

Veamos ahora la inflación. Recuerde usted, estimado lector, que los precios del petróleo y de todo lo demás subieron muy aceleradamente desde fines de 2007 a Julio de 2008 para luego bajar en la segunda parte de ese año. La Gráfica 3 muestra que el país que menos inflación tuvo desde que comenzó el ciclo a fines de 2007 hasta febrero de 2009 es El Salvador. Es decir, el país enfrentó a la crisis global con la mayor estabilidad de precios de la región latinoamericana.

La Gráfica 3 muestra la inflación que ya se ha generado en Latinoamérica. Sus datos todavía no reflejan la inflación que se generará como resultado de las devaluaciones de las monedas de la región, que ya se han dado en casi todos los países de la región pero que tardan en transmitirse a los precios locales. La Gráfica 4 muestra las devaluaciones que han sufrido las monedas latinoamericanas. Todos los bienes importados han subido de precio en igual proporción.

Finalmente, la Gráfica 5 muestra que las tasas de interés de préstamos en El Salvador son las segundas más bajas en Latinoamérica. Si usted se queja de las tasas de interés de El Salvador vea las de los otros países. Países que normalmente tienen tasas relativamente bajas de interés ahora las tienen muy altas, como Colombia y Chile, donde las tasas promedian 18 por ciento, que es el doble del promedio en El Salvador.

Es decir, como el lector puede ver en estas gráficas, El Salvador no sólo no hay perdido depósitos y reservas sino que ambas magnitudes están creciendo; esto más, mientras en El Salvador las reservas internacionales han subido en la mayor parte de la América Latina han caído; El Salvador ha sido el país con menor inflación desde que el ciclo de aumento y disminución de precios comenzó; El Salvador no corre el riesgo de devaluaciones, que han sido más que comunes en Latinoamérica y sus tasas de interés son las más bajas de la región. ¿De donde sacaron que el país estaba en una crisis como la Argentina?

En el fondo de este comportamiento financiero y monetario tan estable está la dolarización, que da seguridad a los ciudadanos del valor de su moneda y mantiene las tasas de interés bajas. Algunos países no dolarizados se han acercado a El Salvador en alguna dimensión del desempeño económico, pero ninguno se ha acercado en todas las dimensiones en las que El Salvador lidera la región.

Por supuesto, todo esto no indica que no haya problemas, que la crisis global no plantee situaciones difíciles que van a requerir soluciones muy bien pensadas. Pero en economía, como en la guerra, los problemas no pueden enfrentarse con generales que se asusten al oír los cohetes, y menos con generales que griten que todo está perdido cuando en realidad el país está en mejores condiciones monetarias y financieras que el resto de Latinoamérica. Que las personas que promueven el pánico no puedan tratar con estos problemas ni ver sus soluciones no quiere decir que sean intratables o que no tengan solución. Normalmente, los aspavientos son el arma del incompetente, que encuentra en ellos un sustituto a ofrecer soluciones. Si algo necesita el Presidente electo Funes en su mandato es serenidad competente, no histeria incompetente.