La desdolarización y las remesas
Miércoles, 17 de noviembre de 2010
Como he notado en dos artículos anteriores, una eventual desdolarización afectaría gravemente a las personas que han adquirido al crédito su vivienda, su carro, sus muebles y cualquier otra cosa, ya que la tasa de interés subiría violentamente en el momento de la desdolarización.
En promedio, la tasa de interés de préstamos en El Salvador ha sido de 7.3 por ciento de enero de 2001 a septiembre de 2010 (el período de la dolarización) mientras que en los países no dolarizados de Latinoamérica ha sido de 21.2 por ciento. Con estas tasas de interés usted no podría pagar sus deudas. Mucha gente que ahora puede comprar casa y carro con financiamiento a 7 a 9 por ciento no podrá hacerlo con tasas de 21 a 24 por ciento. Igual le pasaría a las empresas. Con sus intereses subiendo, no podrían pagar sus deudas o reducirían sus inversiones. Ambas cosas producirían recorte de actividad económica y aumento en el desempleo.
Esto no es una fantasía. Antes de la dolarización las tasas de interés estaban entre 18 y 24 por ciento. En realidad, serían muchísimo más altas, ya que estaban en estos valores en una economía estable, y la dolarización llevaría a gran inestabilidad, gran inflación y serios problemas de desempleo.
Pero, ¿qué le pasaría a los que reciben remesas? Como los que ya eran adultos en los años ochenta pueden recordar, cuando un banco central emite demasiado dinero la inflación se va para arriba y los dólares se vuelven escasos. Gobiernos con inclinaciones de izquierda tienden a establecer controles de cambio para conseguir todos los dólares que se pueda. Estos controles de cambio consisten en exigir que todos los dólares se entreguen al Banco Central, que de allí en adelante determinará a quien venderle dólares y a quien no, y a qué precio.
Por supuesto, una fuente de dólares de la que el Banco Central y el gobierno pueden apoderarse fácilmente es el flujo de remesas del exterior. Actualmente, los dólares que vienen del exterior al sistema bancario se entregan directamente a los beneficiarios. En un régimen con control de cambios, como el que había en los ochentas, los bancos tienen que entregar al Banco Central todos los dólares que reciben-incluyendo, por supuesto, los de las remesas. El Banco Central decide entonces cuantos colones dará por los dólares de las remesas. En los ochentas, el Banco Central tenía diferentes precios para los dólares, dependiendo de si vendía o compraba, y a quién.
De esta forma, el Banco Central se pondría en medio de los que mandan las remesas y los que las reciben, recibiendo dólares y dando una moneda que, como resultado de lo que el gobierno llama “políticas monetarias” estaría sujeta a altas tasas de inflación y devaluación. Es la manera de crucificar a los que ahora reciben las remesas. ¿Usted ya había pensando en esto? ¿Ya se había dado cuenta de por qué hay tantos políticos que están a favor de la desdolarización?
Es la manera de echarle mano a tres mil millones de dólares de humildes salvadoreños y ponerlos a disposición de los políticos del gobierno. Estos estarían felices si tuvieran esto a disposición, aunque esto le signifique a usted que no podrá pagar su casa, ni su carro, o que no podrá comprarlos si todavía no los tiene, o que lo que pensaba que le iba a alcanzar para educar a su familia ya no es suficiente, o que, como resultado de los altos costos de intereses, la empresa lo tenga que despedir a usted.
No diga que nadie le advirtió.