Manuel Hinds


La universidad nacional como Microcosmos
Domingo 17 de agosto de 2008
¿Ha notado usted cómo muchas personas que presionaron mucho al candidato Rodrigo Ávila para que diera muestras de su independencia y voluntad de cambio ahora callan o cambian el tema cuando, a diferencia de Ávila, el candidato Mauricio Funes no sólo se niega a dar la más mínima muestra de éstas sino que hace alarde de su total sumisión al Comité Político del FMLN?

¿Y ha notado que cuando se habla de que el pueblo quiere cambio mucha gente habla sólo de ARENA? ¿Es que la necesidad de cambio y de independencia se aplica sólo a ARENA y no al FMLN?

La verdad es que el FMLN ha mostrado una casi total incapacidad para transformarse y cambiar; se quedó trabado en los tiempos de la guerra en términos de ideas, de estilo político y de personalidades.

Las ideas siguen siendo las mismas, a pesar de que con la caída de la Unión Soviética y sus satélites y títeres quedó totalmente comprobado que el manejo de la economía por el estado sólo lleva a ineficiencias, atraso, corrupción y miseria. El socialismo europeo se modernizó entero pero el FMLN se quedó atrás.

El estilo político de confrontación sigue siendo el mismo que tenían durante la guerra: negativo, sin ideas nuevas, basado en oponerse a todo lo que los gobiernos de ARENA han hecho. Y los líderes siguen siendo los mismos, excepto por los que se han ido muriendo y por los que han ido saliendo del partido, expulsados precisamente porque quisieron hacer cambios.

Muy fundamentalmente, el FMLN no ha dejado de ser un grupo rebelde, no sólo falto de la preparación necesaria para manejar el país sino también falto del interés por adquirir la seriedad que se requiere para enfrentar los problemas de nuestra sociedad.

Ciertamente, el FMLN ha logrado manejar eficientemente una alcaldía importante -Santa Tecla-y otras de una manera razonable. Pero una alcaldía no es la muestra relevante de lo que un partido puede hacer en un gobierno nacional.

La magnitud y la complejidad de los problemas nacionales son miles de veces mayores que las que confronta una alcaldía, que no tiene nada que decir en términos de la economía, la educación, la salud, las otras políticas sociales, las pensiones, las relaciones internacionales, el transporte público, la política energética, etc., etc., etc.-que son las dimensiones de la vida social que dan estructura a la vida personal de todos los ciudadanos-.

Una muestra más relevante de la capacidad que el FMLN puede tener de manejar al país es la Universidad de El Salvador -una institución con un papel importantísimo para toda la sociedad, que debería ser líder en la promoción de la ciencia, del conocimiento y del desarrollo económico del país. Como hemos discutido muchas veces en estas y otras páginas, el desarrollo del país en el largo plazo depende crucialmente de la educación de su población.

La Universidad de El Salvador, que ha sido controlada por el FMLN por décadas, debería ya de haber demostrado la capacidad del FMLN de manejar seriamente al menos una de las cientos de instituciones del gobierno, y de ayudar al desarrollo del país formando los cuadros científicos que deberían de estar ya aumentando el valor agregado de nuestra producción.

Desgraciadamente para nuestro país, el FMLN ha demostrado todo lo contrario. La Universidad de El Salvador no se ha convertido en una fuente de conocimientos sino en una de agitaciones. No tiene el más mínimo prestigio en el país o en el extranjero ni en términos de enseñanza ni de investigación ni de extensión universitaria.

Las únicas noticias que genera son aquellas ligadas con quemas de llantas, pedradas y, una vez, el asesinato de varios policías. Más que nada, la Universidad es notoria por la mediocridad de sus ideas, de su estilo, de su personal y de las visiones que tienen de lo que deben lograr con sus estudiantes-llenarlos de resentimientos en vez de éxitos.

Esta es la imagen que el FMLN proyecta hacia el futuro. Es lo que haría en el gobierno si no cambia: llenarlo de mediocridad y resentimientos. La Universidad es el terreno en el que tiene que demostrar que está cambiando.