Manuel Hinds
Las aldeas Potemkin de Mauricio Funes
Miércoles, 16 de Julio de 2008
Potemkin fue Primer Ministro y amante de Catalina la Grande, Emperatriz de Todas las Rusias, que reinó a mediados y fines del siglo XVIII. Catalina era una princesa alemana que llegó a Rusia para ser Emperatriz Consorte y terminó siendo la Emperatriz por la desaparición no tan casual de los legítimos herederos-que incluían a su marido, que murió antes de tiempo, y un sobrino que ella encarceló de por vida.

La formación occidental que Catalina había recibido de su padre y de su entorno la hacía sentirse avergonzada del primitivismo de la sociedad rusa, en la que tanto los nobles como los comunes eran siervos de la corona y vivían en condiciones de mucha pobreza cuando se comparaban con sus homólogos en Europa Occidental. La imagen de la nobleza rusa como extremadamente rica que nos llega en los libros de historia tenía su origen sólo en una pequeña parte de dicha nobleza, principalmente la que vivía en San Petersburgo y en Moscú; la mayor parte vivían en las inmensas estepas en condiciones de pobreza que sólo eran mejores que las de los siervos que, por concesión de la corona, los servían. Los nobles eran tan esclavos como esos siervos y debían su existencia a los caprichos del Zar de turno.

Catalina entendía que la clave de la pobreza de Rusia estaba en esa esclavitud, que no permitía el desarrollo que la libertad genera, y trató de hacer reformas para liberar a los nobles y a los siervos, pero, enfrentada a la resistencia al cambio de una sociedad acostumbrada a la servidumbre, no tuvo éxito. Su fracaso no disminuyó la vergüenza que ella sentía cuando la visitaban dignatarios occidentales, que no podía disimular su desprecio por el atraso de Rusia.

Esta vergüenza se volvió un problema para ella, y se transformó en un deseo de impresionar a los occidentales con un progreso de Rusia que no se había dado. Su amado Potemkin tuvo una idea maravillosa para satisfacerla: invitarían a todos los embajadores occidentales en Rusia a dar una gira en bote por todo la Crimea, de varias semanas de duración, mostrándoles desde los botes unas aldeas liadísimas que estarían en las riberas del río, y desde las cuales los saludarían niños limpísimos y mujeres preciosas y hombres sanísimos que darían toda la imagen de un país tan próspero como el más desarrollado de Europa. Potemkin reconocía que todo esto se podía hacer excepto por la falta de las aldeas y de sus limpios y sanos pobladores. Su genio se manifestó en como resolver este problema: harían varias aldeas de mentiras, construyendo sólo las fachadas de las casas y edificios e iglesias, las harían de madera como las hacen en los teatros, y las armarían y desarmarían en la ruta de los botes, para que, con unos cuantos escenarios así montados repetidamente, los occidentales se quedaran con la impresión de que Rusia era muy moderna. Y así lo hicieron. El problema fue que los occidentales se dieron cuenta del engaño y desde entonces en Rusia se les dicen aldeas Potemkin a todos los esfuerzos que partidos políticos o gobiernos hacen para crear una imagen que no corresponde con la realidad.

Mauricio Funes está tratando de armar sus propias aldeas Potemkin dando la impresión de que su gobierno sería capaz y responsable con un par de fachadas que ha construido y pasea por todo el país-la promesa de no desdolarizar y de no romper el TLC con Estados Unidos-. Son dos fachaditas. Se va por las fachadas y sólo por dos porque el FMLN no tiene el capital humano que se requiere para encontrar verdaderas soluciones a los problemas del país. ¿Y ARENA va a permitir que engañe al pueblo entero, que navega ahora en un Volga de problemas que Mauricio Funes y el FMLN no tienen ni la más mínima idea de cómo resolver?

Si ni siquiera pueden manejar a la Universidad de El Salvador y mantenerla fuera de actos vandálicos.