Las lecciones de Nicaragua
Miércoles 15 de abril de 2009
El dicho de Georges Santayana, que los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo, se ha convertido en un lugar común --todo el mundo lo conoce, todo el mundo sabe lo que significa. Tristemente, sin embargo, todo el mundo también lo olvida.
El manejo de la renovación de ARENA es una prueba que determinará si los salvadoreños podemos estudiar la historia para no repetirla.
ARENA está pasando por momentos críticos. Tiene dos opciones. Una, renacer como un partido de principios, basado en el trabajo voluntario de ciudadanos con ideales, enfocado en el futuro y libre de cargas del pasado en su papel de oposición positiva. La otra es convertirse en el partido personal del presidente Saca, que lo apoye a él para siempre, haga lo que haga, aunque pierda elecciones.
Esta segunda opción es la que el partido comenzó a tomar al permitir que el presidente Saca fuera a la vez presidente de la república y presidente del Coena, uniendo en su persona un cargo que se debe a todos los salvadoreños con uno que se debe sólo a una fracción de ellos --un conflicto de intereses que va en contra de la letra y el espíritu de la constitución política.
El partido avanzó aún más por ese camino durante toda su presidencia, en la que sistemáticamente bloqueó el desarrollo de nuevos lideratos, y más aún en el proceso electoral de 2008-2009, que él manipuló a su voluntad --arguyendo que el que se opusiera a lo que el presidente Saca decidiera estaría dividiendo las fuerzas democráticas e impulsando el triunfo del FMLN. Como ejemplo de lo que podría pasar citaba a Nicaragua, en donde se decía que las fuerzas democráticas perdieron porque no llegaron unidas a las elecciones.
El ejemplo era falaz porque en Nicaragua las fuerzas democráticas no perdieron porque se dividieron espontáneamente, sino porque uno de los líderes de la derecha, el ex presidente Arnoldo Alemán, la dividió como parte de un arreglo en el que vendió al país a los sandinistas, dándoles la ventaja en las elecciones presidenciales a cambio de que ellos lo sacaran de la cárcel, en donde estaba por haber sido condenado por corrupción. La manera en la que el ex presidente Alemán dividió a las fuerzas democráticas fue negarse a permitir cualquier esquema que él no controlara, en una posición de “O se hace lo que yo digo, o gana el sandinismo” --una posición que de todos modos no era real porque ya el ex presidente había cargado los dados a favor del sandinismo.
En El Salvador, el presidente Saca también se negó a permitir que se creara cualquier esquema que él no dominara, confiando en que el partido, y los votantes del centro que siempre habían votado por ARENA, se verían obligados a votar por el partido porque para ellos la alternativa --el FMLN-- sería siempre peor. Esto fue lo que perdió las elecciones.
El pueblo, que sigue siendo tan moderado como lo era en las elecciones anteriores, prefirió tomarse el riesgo y creer en la moderación que prometía el ahora presidente electo Mauricio Funes a seguir siendo empujado contra la pared. Las elecciones no se perdieron el 15 de marzo de 2009. Se perdieron mucho antes, poco a poco, al ir el partido, los empresarios, los líderes de opinión y la sociedad entera permitiendo que el gobierno de la república y ARENA se fundieran en un instrumento de poder personal. Eso es lo que no debe permitirse otra vez.
Por un momento, pareció que el presidente Saca iba a dejar el control del partido para permitir que éste se reorganizara después de su fracaso electoral. Sin embargo, como uno de esos muñecos que rehúsan caerse, el presidente Saca ha vuelto a aparecer en la Comisión Política de ARENA, participando en el proceso que definirá el futuro del partido, siendo todavía presidente de la república. Está en el mismo conflicto de intereses que marcó su presidencia. El argumento falaz de que o se hace lo que el presidente Saca dice o se dividirá la derecha ha vuelto a enarbolarse.
ARENA no debe caer otra vez en la misma trampa. No es cierto que sólo el presidente Saca y sus amigos puedan manejar el partido; no es cierto que el que no esté de acuerdo con él sea un traidor. Esta idea de que sólo hay un líder es peligrosa aún cuando dicho líder es exitoso; es suicida para un partido político cuando ha resultado en la derrota electoral.
La idea de que el presidente Saca y su equipo se queden a manejar ARENA en toda circunstancia es peor cuando uno considera el futuro. Una de las grandes amenazas que confronta el país es que, como ha pasado en todos los países en los que gobiernan los partidos amigos del FMLN, dicho partido quiera perpetuarse en el poder a cualquier costo, por cualquier método. Y ¿qué calidad moral tendría ARENA para oponerse a esta perpetuación si su liderato estuviera tratando de hacer lo mismo?