Manuel Hinds


La promesa del cambio: obras son amores
Lunes 12 de enero de 2009
En su campaña Mauricio Funes ha dejado muy claro que se identifica con el cambio. Dicha identificación es extraña porque contradice directamente su decisión de correr por el FMLN, un partido que se caracteriza por su falta de cambio, y que se asocia con otros partidos, organizaciones y gobiernos que también se caracterizan por tener la misma movilidad que las momias.

Basta dar una mirada a estas asociaciones del candidato Funes para sentir la extrañeza que surge cuando se pinta como el candidato del cambio.

FMLN. Funes escogió ser candidato a presidente por un partido que no ha cambiado su liderato en más de veinte años -excepto por los cambios forzados por la muerte de Shafik Handal y por la expulsión de aquellos que quisieron hacer algún cambio en el partido-. Con esas excepciones, los líderes del partido siguen siendo los comandantes que pelearon en la guerra. El FMLN a su vez está asociado con otras organizaciones, todas ellas inmóviles, en las que los únicos cambios políticos se dan cuando se mueren los líderes.

Cuba. La revista británica The Economist comienza un artículo sobre el aniversario de la dictadura de Fidel Castro -que cumplió 50 años el primero de enero próximo pasado- diciendo que todo lo que los hermanos Castro tienen para celebrar por sus cinco décadas en el poder es su propia supervivencia. Ese es el triunfo de la inmovilidad. El único cambio del que puede hablarse en ese país es que los hermanos Castro restituyeron la monarquía hereditaria dentro de una misma familia que los cubanos habían rechazado al independizarse de España.

La Unión Soviética. El número de líderes que tuvo la Unión Soviética en sus setenta y cinco años de existencia fue muy limitado porque, como en el FMLN en El Salvador y como en Cuba y otros países comunistas, el cambio político no existía en ella a menos que muriera el dictador jefe. Así, Lenin fue el dictador hasta que sufrió un derrame que lo llevó eventualmente a la muerte; después fue Stalin, hasta que murió; después Kruschev, hasta que le dieron un golpe militar; después Brezhnev, hasta que murió; después Andropov, hasta que murió; Chernenko, hasta que murió; y por último Gorbachev, con el que terminó la dictadura comunista. Este tipo de gobierno no puede asociarse con el cambio. Es lo contrario.

China comunista. Igual sucedió con China comunista, en donde los dictadores se instalaban de por vida en el poder.

Todos los otros países comunistas. El control del FMLN lo tiene el partido comunista, que no sólo en la Unión Soviética y en China sino en también en todos los demás países que ha controlado ha instalado dictadores vitalicios. Mire, por ejemplo, lo que pasa en Corea del Norte, en donde la dictadura no sólo es vitalicia sino que, como en Cuba, es hereditaria también.

Nicaragua. En Nicaragua el FSLN también opera sobre el mismo principio. Allí el jefe siempre es Daniel Ortega. Lo ha sido desde la guerra, por toda la década en la que los Sandinistas mandaron en los ochentas, durante los largos años de oposición y hasta ahora que otra vez es el presidente.
Venezuela. En Venezuela el presidente Chávez ha tratado y está tratando de perpetuarse en el poder al igual que los otros dictadores aquí mencionados. Es decir, él también aspira a matar el cambio en su país. En realidad, todos los aliados de Chávez en Latinoamérica han dado primera prioridad en sus gobiernos a perpetuarse en el poder. Eso es todo lo que les interesa. Es la inmovilidad del poder.

Al ver todos estos casos, estimado lector, reflexione usted por un momento en la sabiduría de aquel dicho “Por sus frutos los conoceréis”.

Hay dos preguntas que surgen de esta breve reflexión. La primera es, ¿Es el cambio hacia esto, la muerte del cambio, lo que busca el candidato Mauricio Funes? La segunda, mucho más importante, es, ¿Y usted se va dejar engañar como engañado estaría si, creyendo que apoya el cambio, vota por un partido que lo que ha hecho a través de su historia es matar el cambio? No hay obligación de ser tonto.