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Las veleidades de la popularidad
Jueves, 10 de Septiembre de 2009
La amenaza más grave que tiene el país es que hay una sorda campaña orientada a conseguir que se revierta la dolarización y se reintroduzca el colón.
La elección de Barak Obama como presidente de los Estados Unidos y su enorme popularidad inicial fue interpretada en muchos ámbitos como una prueba de que había habido un cambio en las tendencias históricas de largo plazo no sólo en Estados Unidos sino en el universo entero. De acuerdo a estas interpretaciones, la izquierda estaría desplazando a la derecha para siempre, en todo el mundo. En medio de este entusiasmo, el gane de Obama tuvo sin duda un impacto en las elecciones de El Salvador, en donde el ahora presidente Funes corría con un eslogan de cambio muy similar al del norteamericano. El cambio allá, el cambio aquí, el cambio en todo el planeta.
La gráfica adjunta muestra cómo la popularidad del Presidente Obama evolucionó en los meses subsiguientes. Esta evolución está medida por dos índices. El Índice de Aprobación Fuerte se calcula restando los que desaprueban fuertemente de la gestión del presidente de los que la aprueban fuertemente. El índice de Aprobación Total resta todos los que desaprueban (fuerte o suavemente) de todos los que aprueban (fuerte o suavemente). Así por ejemplo, en enero de 2009, el 69 por ciento de la población apoyaba a Obama y sólo el 28 por ciento lo desaprobaba, con lo que su índice de aprobación total era de 41 por ciento (la cifra que se ve en la gráfica). Desde esos días de victoria, ambos índices se han vuelto negativos-es decir, los que desaprueban son ahora más que los que aprueban de la gestión de Obama. Siguiendo la lógica de los que al ver la popularidad de Obama hablaron de la inevitabilidad del cambio en el universo entero, ¿deberíamos interpretar la caída de dicha popularidad como una prueba de que la derecha está desplazando a la izquierda para siempre, en todo el mundo? ¿Es esta gráfica un presagio de una caída similar en la popularidad del Presidente Funes? El sentido común dice que no, que la popularidad del Presidente Funes dependerá no de la de Obama ni de fuerzas cósmicas que harán que los de ciertos partidos ganen o pierdan en todo el mundo de aquí a la eternidad, sino de la las acciones que el mismo Presidente Funes tomará en su administración del país. Pero sí hay algunas lecciones en la caída de la popularidad de Obama que pueden aplicarse a la política local. La más importante es que no hay que confundir un voto de castigo a un presidente impopular con el deseo de un cambio fundamental en la manera en la que está organizada la sociedad. Una de las causas de la creciente impopularidad de Obama es su propuesta de reforma del sistema de salud, que introduciría una medida de control estatal en la vida privada de los ciudadanos norteamericanos que va mucho más allá de lo que ha sido aceptable hasta ahora. El fuerte rechazo que ha provocado la propuesta demuestra que Obama malinterpretó el cambio que la población quería-el deseado cambio de un presidente impopular no implicaba un cambio de sistema. Por supuesto, la popularidad del Presidente Obama puede estabilizarse, volver a subir o seguir bajando. Pero ya esto no dependerá de una palabra hueca, como cambio, sino de la reacción del pueblo norteamericano al sentido concreto que él le de a la palabra en sus propuestas de gobierno. Lo mismo va a pasar con el Presidente Funes, que ganó con un eslogan de “Cambio Seguro”, que implicaba una nueva administración sin cambio de sistema. Como discutía Paolo Luers en un artículo reciente, el problema del Presidente Funes es que en el ejercicio del poder es imposible mantener la ambigüedad que él mantuvo durante las elecciones, que le permitió ganar votos de los que daban énfasis al lado del “cambio” en su eslogan, creyendo que él realmente quería cambiar el sistema, y al mismo tiempo ganarlos de los que creían que lo “seguro” era lo importante del eslogan. El Presidente hasta ahora no ha tomado acciones, sólo ha hablado de cosas generales que quiere hacer. Esto le ha permitido mantener y aumentar su popularidad-incrementada por los que no votaron por él porque creían que él iba a entregar el país a Chávez y ahora ven que no lo ha hecho. Esto no puede durar, sin embargo. La gente va a exigir acciones. Ante la necesidad de actuar, el Presidente tiene tres opciones. Una es dar una de cal y otra de arena, tratando de quedar bien con ambos tipos de electores, sin inclinarse más hacia ninguno. Esto sería irracional, ya que, como lo dijo Paolo, esto alienaría a ambos electores y el presidente se quedaría solo. Entonces el Presidente tiene que escoger entre inclinarse más hacia un lado que hacia el otro. No hay la más mínima duda de lo que más le conviene políticamente. Los que querían el cambio seguro son mucho más que los que quieren desestabilizar el sistema. El voto duro del FMLN no es más de una tercera parte del electorado y no todos ellos quieren un cambio de sistema. Todo el resto-al menos dos por cada uno-no quieren un cambio de sistema, una entrega a Chávez o a Fidel Castro. Es a ellos a los que se debe el Presidente Funes, que ha insistido muchas veces que él es el presidente de todos los salvadoreños. |