Manuel Hinds
Las cosas que hay que cambiar
Sábado 10 de enero de 2009
Los periódicos del viernes 9 de enero traían dos noticias que, al compararse, generaban otra noticia, más interesante que las dos primeras, que no estaba publicada, sino quedaba implícita.

La primera de las noticias decía que el gobierno ha mantenido el subsidio a los buseros y que esto va a costar 7 millones de dólares al mes, o sea 42 millones de dólares entre ahora y junio de este año. La noticia es increíble. Este dinero será literalmente quemado.

La reducción de cinco centavos al pasaje que supuestamente se logró como contrapartida contra este regalazo es risible, ya que, por sí sólo, el descenso de los precios del petróleo debería haber reducido el costo del pasaje por mucho más.

La medida es un obsequio del gobierno a los buseros y una pérdida económica para la sociedad. Políticamente también es una pérdida, ya que al público en general le da cólera que regalen el dinero que tanto le cuesta pagar en impuestos.

En términos del transporte público, la medida va en contra del logro de la eficiencia, ya que por su forma (el subsidio es por bus puesto en la calle) tiende a maximizar el número de buses circulando, lo que vuelve peor el tráfico de nuestras ciudades, haciendo que todos gastemos más gasolina en las trabazones causadas por los excesivos buses.

La segunda noticia era que el candidato Norman Quijano anunció que el costo de la primera etapa de su plan para embovedar los ríos y quebradas de la capital costaría 100 millones de dólares y que ya ha conseguido 1.2 millones de financiamiento, de modo que todavía le falta por financiar el 99 del costo.

El dinero que busca Quijano no se quemaría. Además de dar trabajo a miles de personas en el momento de una crisis mundial-un beneficio que no puede desestimarse-el proyecto reduciría la vulnerabilidad de los pobres que viven en dichas quebradas, abriría nuevos terrenos para desarrollarse como zonas verdes, parques y áreas de vivienda y negocios, y resultaría en una mejoría inmediata de la sanidad de nuestra ciudad.

La tercera noticia, la que no estaba reportada, la que realmente es sensacional, es que el primer proyecto, el de quemar el dinero, fue aprobado mientras que el otro todavía no encuentra con qué financiarse, siendo que con sólo 6 meses de subsidio se podría pagar casi la mitad de la primera etapa del proyecto de las bóvedas.

Con el dinero que se ha gastado ya en subsidiar a los buseros ya tendríamos bóvedas por todos lados, zonas verdes y la vivienda de los pobres ya estaría mejorándose.

En sustitución de esto, sólo tenemos humo negro de petróleo quemado y la sensación de que los fondos del gobierno no están siendo asignados de una manera responsable.

Este es el tipo de cosas que tienen que terminar. Este es el cambio que quiere la gente. Proyectos que como el de Quijano beneficiarían a miles deben tener prioridad sobre otros que, causando muchos costos a la sociedad, tienen una única ventaja: mantener la efímera popularidad del presidente con sectores específicos como el de los buseros -efímera porque dura sólo mientras el gobierno les sigue dando dinero-.