El consenso sobre Chávez
Martes, 9 de Septiembre de 2008
En esta columna he opinado muy frecuentemente que El Salvador es muy diferente de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua en una dimensión muy bien marcada: el votante salvadoreño es esencialmente conservador y tiene alergia al populismo-probablemente adquirida durante los años ochenta, una época en la que el populismo reinó sin restricciones, destruyéndose a sí mismo en corrupción e incompetencia-.
También he argüido que el FMLN tiene que tener la misma opinión-aprendida a través de tres elecciones presidenciales perdidas con mensajes extremistas-ya que ha basado su campaña en proyectar una imagen moderada tanto con su candidato como con sus programas de gobierno y como en la asociación con políticos moderados de otros países que Funes busca tan ansiosamente. Funes huye de que lo asocien con Hugo Chávez o los satélites de este.
A él le gusta parecer asociado con los presidentes Lula de Brasil, José Luis Rodríguez Zapatero de España y Michelle Bachelet de Chile, lo mismo que con políticos europeos de izquierda moderada.
Esto es todo lo contrario de la imagen extremista que Shafik Handal deseaba proyectar. El cambio de estrategia del FMLN es una señal de que el partido se dio cuenta de que con un mensaje extremista o populista no iba a ganar las elecciones presidenciales.
La encuesta que publicó el diario El Mundo la semana pasada confirmó que el FMLN está correcto en su deseo de proyectar una imagen de moderación: el 85 por ciento de los entrevistados contestó "no" a la pregunta ¿cree usted que en El Salvador se necesita un gobierno como el de Hugo Chávez? sólo 5.7 por ciento dijeron que sí y un 9.3 por ciento dijeron que no sabían o no respondieron.
Lo interesante de este resultado es que los que no creen que debe imponerse un régimen tipo Chávez en el país incluyen necesariamente a una gran mayoría de los partidarios del FMLN ya que éstos últimos sumaban 33 por ciento de los entrevistados mientras que sólo el 5.7 por ciento quería que un régimen a lo Chávez se impusiera en el país.
Si asumimos que todos los que creen que es necesario instaurar un régimen tipo Chávez en El Salvador son del FMLN, los números indicarían que al menos el 83 por ciento de los simpatizantes de ese partido están en contra de dicha instauración (los que quieren, 5.7 por ciento, sólo es el 17 por ciento del 33 por ciento que es partidario del FMLN). Es decir, hay un gran consenso en la izquierda y la derecha de que en El Salvador no queremos un régimen como el de Chávez.
Este mensaje tan contundente de la población tiene implicaciones muy importantes para todos los participantes en las elecciones. Para los del FMLN que crean que la moderación de la imagen es sólo un medio para instaurar un régimen extremista tipo Chávez el mensaje es "aquí no es Venezuela".
Cualquier intento de establecer un régimen tipo Chávez en caso de ganar las elecciones se encontraría con una oposición cerrada de la población, incluyendo el 83 por ciento de su propio partido. Este es el tipo de temas que pueden destruir no sólo una presidencia sino también un partido político. Para ARENA el mensaje es que no hay que tratar de contrarrestar el populismo que asola tantos países latinoamericanos con medidas populistas porque a la gente no le gustan el populismo.
El FMLN, que habla tanto de establecer consensos nacionales, ganaría mucho en su credibilidad si tomara el liderato para formalizar el consenso sobre Chávez, rechazando públicamente las reformas políticas que Chávez ha llevado a cabo en Venezuela y financiado en Ecuador, Bolivia y Nicaragua y que el lenguaje de su propio programa de gobierno parece apoyar de una manera ambigua con reformas al estado que son iguales a las que conforman el chavismo.