Manuel Hinds
Lecciones de Hillary Clinton
Lunes, 9 de Junio de 2008
La derrota electoral de Hillary Clinton presenta al menos tres grandes lecciones para nuestros partidos políticos-una para el FMLN, otra para ARENA y la tercera para los dos.

La primera es que del plato a la boca se cae la sopa. Hace menos de un año, en octubre de 2007, la senadora alcanzó casi el 50 por ciento de las preferencias en las encuestas (RealClearPolitics.com) mientras que el senador Barack Obama alcanzaba sólo el 22 por ciento. Para mayo de 2008, la senadora había caído a 42 por ciento mientras que Obama sobrepasaba el 50 por ciento y ganaba la nominación en junio.

La segunda lección es para ARENA: hasta al mono más pintado se le caen los cocos. La senadora Clinton perdió aunque tenía el apoyo del presidente demócrata más popular en los últimos cincuenta años y aunque controlaba la formidable maquinaria electoral del partido, con organizaciones bien aceitadas hasta en el último condado-es decir, a pesar de que controlaba a los de las camisetas sudadas para ponerlo en términos salvadoreños-.

La tercera lección, para ambos partidos salvadoreños, es que un tercero en discordia puede comerse el mandado cuando los partidos más fuertes no llenan las aspiraciones de la población. Obama surgió de la oscuridad en un medio en el que parecía que la competencia era entre la senadora Clinton y otros precandidatos. …él era un senador neófito, conocido casi por nadie, pero con un enorme carisma personal y con un equipo de campaña que probó que comprendía mejor el secreto del cambio que el votante norteamericano desea en estas elecciones. Partiendo desde su oscuridad a mediados de 2007, cuando la contienda era entre la senadora y otros, Obama entró como un tercero en discordia que identificó muy inteligentemente el vacío que los candidatos existentes estaban dejando para el electorado.

Cuando se posicionó para llenar ese vacío, Obama creció desde 22 por ciento de la intención de voto en octubre de 2007 a 49 por ciento en enero-febrero de 2008, colocándose ya muy cerca de la victoria, con una ventaja y un impulso que Hillary Clinton ya no pudo descontar. En realidad, Obama ganó en ese gran salto, aunque le costó mucho a la senadora reconocerlo.

La senadora Clinton pensaba que era imposible que un neófito pudiera armar una maquinaria que le pudiera ganar dentro del Partido Demócrata a la del Partido Demócrata mismo, que ella controlaba-una maquinaria mucho más sofisticada y rica que las de ARENA y el FMLN juntas.

Obama demostró que se podía hacer, y en cuatro intensos meses, de octubre a febrero, probó que el carisma y la calibración de un mensaje a lo que desea el electorado pueden ser más importantes que la maquinaria cuando hay un porcentaje grande del público que no se siente representado por ninguno de los contendientes principales. En el proceso, probó que la maquinaria se forma rápidamente alrededor del carisma y el mensaje, y que una maquinaria con alma es mucho más fuerte que una sin ella.