La última gasolinera
Miércoles 08 de Septiembre de 2008
Los últimos días han visto el desencadenamiento a nivel mundial de la crisis financiera que comenzó en julio del año pasado. En estos días las bolsas en todo el mundo han colapsado, el euro se ha desplomado, los precios del petróleo han caído muy rápidamente.
Como se ve en la gráfica adjunta, las monedas latinoamericanas consideradas como más fuertes se han venido abajo mientras sus poblaciones, temerosas de que dichas monedas se sigan devaluando, han comenzado a cambiarlas por dólares, empujándolas así a mayores devaluaciones y a pérdidas en las reservas de los bancos centrales. Lo mismo está pasando en todo el Tercer Mundo.
Confrontando estos problemas, los gobiernos latinoamericanos y del resto del Tercer Mundo están solicitando créditos al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para financiar sus economías y aguantar las pérdidas de reservas que están teniendo como resultado de la fuga de capitales hacia el dólar.
Esto lo tienen que hacer porque aunque tengan bancos centrales que pueden emitir pesos, lo que la gente demanda son dólares, y esos sus bancos centrales no los pueden emitir-es decir, a la hora de las horas, sus bancos centrales no pueden actuar como prestamistas de última instancia para sus bancos y tienen que tomar prestados dólares para mantener vivos a sus sistemas bancarios-.
Tienen que ir al Banco Mundial y al BID porque los mercados privados de crédito están secos como resultado de la crisis.
La cola en estas instituciones se está haciendo tan larga que ya es claro que ellas no van a poder atender a todos los países que les están solicitando crédito.
El problema es serio porque no se sabe cuando van el Banco Mundial y el BID a tener las disponibilidades para atender a todos sus clientes. Menos se sabe cuando podrán los mercados privados atender a estos países.
El obtener crédito ahora de estas instituciones es como la última oportunidad de tomar agua antes de entrar a un desierto, como la última gasolinera en el borde del Sahara.
El Salvador está en una posición envidiable en este momento, por dos razones. Primero, estando dolarizados, nuestro sistema bancario no está sufriendo retiros de gente deseando convertir sus pesos en dólares, porque sus cuentas ya están en dólares. No necesitamos créditos para defender nuestra moneda.
Podemos usarlos para beneficios sociales. Segundo, tenemos una situación privilegiada en esta cola, por haber llegado antes que todos (hace varios meses) a ella.
Está en la envidiable posición de tener asegurados 950 millones de dólares de crédito -si es que nuestra Asamblea Legislativa da los votos para obtenerlos. Si la Asamblea no da los votos, perderemos el lugar en la fila, y no sabremos cuando podremos obtener el siguiente crédito.
El próximo gobierno se quedaría sin créditos, y por tanto, sin recursos para realizar inversión social. Peor aún, tendría que quitar recursos a actividades ahora existentes para acumular los recursos que necesitaría para pagar los 650 millones de dólares en bonos que se vencen en 2011- pago que estaría resuelto si se toman los 950 millones ofrecidos.
Es obvio que debemos tomar estos recursos. Los otros países no creerían su suerte si nosotros abandonamos nuestro lugar en la fila y los 950 millones que podríamos tener si sólo los aceptamos antes de entrar en el desierto que parece estar frente a todos los países en desarrollo. Ponerse de acuerdo en esto es un deber patriótico de los partidos políticos y los diputados.
Que nuestros pobres no vayan a pagar el costo de las ambiciones políticas que pueden atravesarse en la consecución de estos préstamos.