Manuel Hinds
La despolarización ideológica del país
Sábado 7 de marzo de 2008
Hay mucha gente que mira las elecciones del 2009 como el clímax de la polarización ideológica del país.

Todo indica, sin embargo, que marcan precisamente lo contrario-el momento en el que el evento más polarizante en la vida política del país, las elecciones presidenciales, se han despolarizado ideológicamente. Polarizantes fueron las elecciones del 2004, en la que se enfrentaron Shafick Handal contra Tony Saca, el uno proponiendo una revolución marxista y el otro progreso capitalista. Igualmente polarizantes fueron las elecciones presidenciales anteriores, desde 1994 en adelante. El fracaso del FMLN y otros que buscaron convencer al pueblo salvadoreño de que adoptara a través de la propaganda y la política lo que no quiso adoptar en la guerra-la idea de que El Salvador tenía que convertirse en algo como Cuba-se volvió evidente con la derrota de 2004, ya que nunca el FMLN sería capaz de lanzar un candidato que representara de una manera más exacta la idea de la revolución y la implantación de una dictadura del proletariado (es decir, de los líderes comunistas, como la familia Castro en Cuba).

La polarización ideológica se acabó porque para que ella exista tiene que haber una confrontación de ideales incompatibles de sociedad, algo que en el país claramente se acabó. Una y otra vez, incluyendo las elecciones de enero, la ciudadanía ha demostrado que no quiere destruir la sociedad actual, que no quiere adoptar un régimen comunista, que no quiere sustituir la libertad con esclavitud a un régimen dictatorial, que no le gustan Chávez ni sus aliados, que lo que quiere es renovación y progreso dentro de un régimen de libertades económicas y políticas. Tan es así que el FMLN lo ha comprendido y ahora está tratando de llegar al poder no ofreciendo revoluciones o comandantes sino lo que ellos llaman “cambio seguro”-es decir, un cambio dentro del mismo sistema de libertades políticas y económicas. La prueba de que la población se ha despolarizado es que con este discurso moderado es que el FMLN se ha acercado más al poder. Es la primera vez que el partido ha sido capaz de atraer a votantes del grueso de la población salvadoreña-que no es comunista, que no es violenta, que lo que quiere es gobiernos limpios y eficientes.

El problema que confronta el país no es, pues, el de una polarización. La mayor parte de la gente que va a votar por ambos candidatos realmente quiere lo mismo y creen que el candidato que apoyan es el más idóneo para lograrlo. La clave de la decisión de por quien votar está en tres puntos: la sinceridad de las ofertas, la capacidad técnica de los contendientes y las consecuencias de un error al decidir por quien votar. El doble mensaje del FMLN-un mensaje moderado para los votantes en general y uno igual de radical y polarizante que los de antes para los radicales del partido-y el hecho que el poder del partido esté todavía en manos de los radicales de siempre es una señal clarísima de que el FMLN ha despolarizado su mensaje sólo como una táctica electoral. Por otro lado, la falta de un plan de gobierno aterrizado y la falta de cuadros de funcionarios capaces no de gritar consignas sino de gobernar también es una deficiencia del FMLN.

Pero la pregunta más estratégica es qué pasa si nos equivocamos al votar. Si votamos por Ávila y él luego no está a la altura de las expectativas tendríamos un mal gobierno que podríamos sustituir en cinco años. Si votamos por Funes y el FMLN gobierna con el mensaje radical, como es seguro que lo haría, la mera conservación de elecciones libres se convertiría en el objetivo principal de todos los salvadoreños-así como se ha convertido en el foco de los esfuerzos de la ciudadanía libre en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, para ya no mencionar a Cuba, donde la democracia y las elecciones se perdieron hace cincuenta años. Es decir, igual que en esos países, tendríamos que olvidarnos de otros objetivos- el mejorar el gobierno, el invertir en capital humano, el resolver los problemas sociales- para centrarnos sólo en defender la democracia que tanto nos ha costado. Para el ciudadano promedio de El Salvador, votar por el FMLN no es afirmar una preferencia ideológica, sino votar por un lobo disfrazado de oveja. Es mejor despertar a este hecho antes de las elecciones que después de haberle entregado el poder al lobo.