Manuel Hinds
Entre el populismo y la ignorancia
Martes 2 de diciembre de 2008
Las propuestas populistas tienen dos características esenciales. Primero, están basadas en interpretaciones simplistas de la realidad que pueden sonar lógicas cuando las analiza una mente superficial o ignorante pero no cuando se analizan con un poco de atención. Segundo, en vez de generar soluciones generan nuevos problemas.

El equivalente médico de una solución populista sería decir que la gordura se puede curar con una guillotina aplicada a la panza, los laterales y la parte trasera del gordo. Ciertamente, el volumen del gordo se reduciría, pero el pobre gordo también moriría de graves hemorragias y cortes de órganos vitales.

El equivalente en ingeniería sería decir que para que un avión vuele mejor hay que rebajarle el peso, y que eso se lograría recortando las partes que no transportan carga -es decir, las alas-.

El populismo no progresa tanto en estos dos campos como en la política y la economía -aunque nunca faltan los curanderos- porque la intuición básica que la gente tiene de las ciencias físicas es suficiente para que se dé cuenta inmediata de por qué la propuesta populista no funcionaría.

Esto no sucede así cuando se trata de propuestas populistas en política y economía, que requieren un esfuerzo extra para ser evaluadas, un esfuerzo que mucha gente no está dispuesta a realizar.

Debido a esto, por ejemplo, las propuestas de elevar el salario mínimo son extremadamente populares entre los políticos, especialmente los que menos saben del tema ya que "Suban el salario" es el eslogan que éstos tienen para enfrentar cualquier problema que se les presente.

Es muy sabido que los salarios pueden aumentarse de una manera sana sólo cuando los aumentos corresponden a un aumento en la productividad del trabajo, lo cual está generalmente asociado a inversiones en las maquinaria y equipo que los trabajadores manejan o a inversiones en la educación de los trabajadores, o ambas.

Si este aumento de la productividad no se da, el aumento de los salarios sólo resulta en un aumento del desempleo -como en el caso del gordito que muere después de que le apliquen las guillotinas, una solución superficialmente lógica a su gordura-.

El problema del aumento en el desempleo puede minimizarse si la economía está creciendo fuertemente, ya que el aumento natural de la demanda por trabajadores asociado con el crecimiento rápido compensa por la disminución de dicha demanda causada por el aumento forzoso de los salarios. Pero el problema se maximiza cuando la economía está en medio de un ambiente tan recesivo como el que nos rodea en este momento.

En estas circunstancias, el reto más grande para las familias es lograr mantener sus empleos. Con sus ingresos disminuyendo, las empresas de todo tamaño se ven obligadas a reducir sus costos rápidamente para evitar la quiebra.

Si al mismo tiempo el gobierno las obliga a subir sus salarios, el resultado será un rápido aumento del desempleo, ya que las empresas tendrán que ahorrar en salarios de alguna forma, lo que significa despidos.

Es bien sabido también que la presión gubernamental para mantener los salarios altos y aumentarlos fue una de las razones por las que lo que hubiera sido una recesión mediana en 1929 resultó en grandes pérdidas de empleo y en la Gran Depresión de 1929-1939. La tentación populista de aumentar los salarios es bien grande en momentos electorales.

Es la tentación del suicidio; sin embargo, ya que los gorditos, cuando se ven sangrando, y los electores, cuando se ven desempleados, tienden a reaccionar con gran furia contra los que los han engañado. Que entiendan los que quieran entender.