Obras son amores...
Lunes 1 de septiembre de 2008
Hay siempre en las elecciones una tensión entre dos escuelas de cómo se ganan. Una de ellas es la que dice que con buen gobierno-prometido en el caso de candidatos y partidos que no están en el poder, mostrado en el caso de partidos que lo están.
La otra es la que dice que las elecciones se ganan ofreciendo de todo a todo el mundo, aunque después no se cumplan las promesas, y gastando mucho en publicidad.
Los que creen en lo segundo creen ingenuos a los primeros. Sin embargo, el realismo está del lado de los primeros. El hecho que ARENA haya ganado cuatro elecciones presidenciales al hilo y que esté en peligro de perder las quintas es una prueba de este punto.
La gráfica adjunta muestra una de las razones por las que ARENA ha podido ganar cuatro elecciones seguidas de presidente. Esta es que el porcentaje de la población que vive en la pobreza (que se mide en el eje vertical izquierdo) bajó a la mitad durante el los mandatos de ARENA, de 60 por ciento en 1992 a 30 por ciento en 2006 (todavía no hay datos para el 2007).
Esto ha sucedido porque el ingreso por habitante creció rápidamente (su crecimiento fue el tercero más alto en Latinoamérica) como resultado de las reformas económicas que transformaron al país en una sociedad basada en industria y servicios.
Segundo, como muestra la curva que sube y baja, la inversión del gobierno en salud y educación (medido como porcentaje del Producto Interno Bruto PIB en el eje vertical derecho) subió continuamente desde 3.4 por ciento a mediados de los años noventa hasta 4.8 por ciento en el 2002. Esta es la inversión que crea la base para que el ingreso siga subiendo y la pobreza siga bajando.
Después de 2002, sin embargo, la inversión en capital humano comenzó a descender como porcentaje del PIB, de tal forma que para el 2007 el porcentaje que se invertía en capital humano había bajado a 4.3, casi igual al que se invertía en 1999, ocho años antes.
Y aquí es donde los resultados de las elecciones y las realidades de los gobiernos se juntan. Por unos años la pobreza puede bajar aún si la inversión en capital humano se disminuye para aumentar, digamos, los gastos de publicidad del gobierno en la creencia que las imágenes son las que dan el triunfo en las elecciones.
Pero si la proporción del PIB que el gobierno invierte en el desarrollo humano sigue disminuyendo como en los años más recientes, el porcentaje de los salvadoreños que viven en la pobreza va a dejar de disminuir y va a comenzar a subir nuevamente. En ese momento no habrá ninguna publicidad que pueda dar credibilidad al sentido social de gobiernos que con sus obras demuestran que no se preocupan de lo social sino de que la gente piense que están preocupados por lo social. El pueblo resiente eso.
En vez de hacer miles de promesas y compromisos que obviamente no son factibles y que sólo añaden al ambiente populista de las elecciones los candidatos deberían de ofrecer revertir la deplorable tendencia que ha tenido la inversión social en los últimos años y llevarla a los niveles mínimos que debe tener para asegurar que todos los salvadoreños tengamos una educación y una salud razonables bajo los estándares de los países desarrollados.
El candidato Ávila ganaría mucho si se distanciara de esta disminución en inversión social y se comprometiera a revertirla para que alcance los niveles anteriores al 2002 y luego a mejorarla. El distanciarse de esta tendencia que debe revertirse no es ir contra ARENA; al fin y al cabo, fue ARENA la que aumentó el gasto social hasta el 2002. Sólo sería reconocer que en las elecciones lo que manda es lo que dice el dicho: Obras son amores y no buenas razones.
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Fuente de datos: PNUD, Informe Sobre Desarrollo Humano El Salvador 2007-2008. |