Manuel Hinds
La asamblea y la lógica del poder
Viernes, 01 de agosto de 2008
Usted, como cualquiera, se preguntará cómo es que se puede garantizar el cumplimiento de un contrato político en el que una de las partes se obliga a hacer algo inmediatamente contra algo que la otra parte promete que hará en el futuro.

Así, por ejemplo, se habla de negociaciones que se llevan a cabo entre ARENA y varios posibles candidatos a la vicepresidencia de la república. En el contrato que se discute en estas negociaciones, el potencial candidato a vicepresidente se comprometería a dar algo inmediatamente-su presencia, su sonrisa, su mejor esfuerzo para ganar votos-contra una promesa del candidato a presidente (o su partido) de que, si gana, le daría una cantidad de puestos y ventajas-el ministerio X, la autónoma Y, la posibilidad de definir la política económica, o la de seguridad, etc. Si el contrato fuera económico, no habría problema con el cumplimiento. Si el candidato a la presidencia no cumpliera, el candidato a la vicepresidencia sacaría el original firmado del contrato y lo denunciaría ante un tribunal, que obligaría al ahora presidente a pagar, embargándolo si fuera necesario. Estos contratos de los que estamos hablando, sin embargo, no tienen protección legal. La constitución dice que el presidente puede organizar el órgano ejecutivo como le de la gana, simplemente emitiendo un Reglamento Interno del Órgano Ejecutivo (RIOE). Si el ahora presidente hubiera firmado un papel diciendo que daría al vicepresidente el poder de ir a la luna y las estrellas, con sólo firmar otro papel (el RIOE) se lo puede quitar.

¿Cómo se defiende un candidato a vicepresidente? Con la posibilidad de causarle un daño serio al presidente si éste no le cumple sus promesas. El mecanismo más idóneo para causar este daño es la Asamblea Nacional. Como ejemplo de lo duro que puede ser el daño mire usted lo que Julio Cobos, el vicepresidente de Argentina, le acaba de hacer a Cristina de Kirchner, la presidente. La presidente escogió a Cobos, un miembro de otro partido, para ser su vicepresidente porque creyó que le podía sumar votos. Al poco tiempo de subir al poder, la Kirchner se enfrentó a una lucha política terrible en la que se jugó su poder como presidente-el conflicto sobre los impuestos a las exportaciones sobre el que usted habrá leído en los periódicos. El problema fue al Parlamento después de cuatro meses de frenéticos enfrentamientos. La votación sobre la ley que confirmaría el impuesto establecido por la Kirchner quedó en un empate de 36 a 36 votos. Al saber esto, la Kirchner debe haber respirado con alivio porque según la constitución argentina el voto del desempate le tocaba al señor Cobos, su vicepresidente. El alivio se convirtió en furia cuando supo que Cobos votó en contra de ella-no sólo derrotándola en la pelea más seria de su carrera política sino también debilitándola por el resto de su período presidencial-. La Kirchner respondió inmediatamente con la lógica del poder, despidiendo seis funcionarios del grupo de Cobos que ella había nombrado en cumplimiento del contrato original Kirchner-Cobos. Pero el daño ya estaba hecho. El problema que tiene la Kirchner es que Cobos tiene muchos votos en la asamblea porque su partido es el Radical, el opositor principal del Peronista de ella.

Pero, ¿qué hace un condotiero que no tiene diputados? Se los saca al partido con el que está negociando. Le pone como condición para aceptar la candidatura que le dé una cantidad de diputados suficiente como para causarle un problema serio al candidato a la presidencia cuando sea presidente. Si el candidato a la presidencia se los da, es como que le diera su propia espada para que el vicepresidente lo mate cuando quiera-no sólo si él no cumple sus promesas, que él mismo puede estar seguro de que siempre las cumplirá, sino si al vicepresidente se le ocurre que quiere más poder que el negociado-. Dando estos diputados, el candidato a presidente se pone como víctima potencial de un chantaje que no tiene salida hasta las siguientes elecciones de la asamblea. A menos que el presidente compre a los diputados del vicepresidente, ofreciéndoles la reelección que el vicepresidente no puede ofrecer...Y así puede usted seguir elucubrando dentro de la lógica del poder.