|
No hay rosas sin espinas
Jueves, 31 de Julio de 2008
En más de una ocasión he escuchado el argumento de que el candidato a la vicepresidencia de la República no es un factor de peso para inclinar la balanza electoral a favor o en contra de un partido político.
Ese tipo de apreciaciones pueden tener algún sustento en la experiencia política de algunas sociedades, pero no constituyen leyes científicas válidas y aplicables en toda situación. Es muy cierto que, una vez electo, el vicepresidente puede ser efectivamente marginado y volverse una figura políticamente irrelevante mientras no se presente una situación en la que deba sustituir permanentemente al presidente. Pero de ahí no puede concluirse que los candidatos a la vicepresidencia no puedan, en determinadas circunstancias, ser factores decisivos en el triunfo o la derrota electoral de sus partidos. A juzgar por el tiempo que ARENA se está tomando para escoger a la persona que completará su fórmula presidencial, queda claro que ese partido tiene un buen entendimiento de las consecuencias de esa decisión. En otros momentos, el partido ha tenido una robustez suficiente para acarrear la elección sobre su bandera, independientemente de sus candidatos; o ha tenido un candidato presidencial muy atractivo a quien poco podía añadirle o restarle su compañero de fórmula; o ha peleado contra candidatos con imagen muy negativa y no ha necesitado hacer mucho para ganar. Pero las cosas ahora son bastante diferentes y la ciencia política prescribe que las decisiones deben tomar en consideración lo novedoso o diferente que tiene cada situación. Al partido ARENA le ha resultado mucho más difícil de lo que esperaba la tarea de neutralizar las consecuencias negativas de un proceso mal pensado y mal ejecutado para la designación de su candidato presidencial. Eso vino a sumarse al desgaste de 20 años de gobierno, en una coyuntura preelectoral que comparte escenario con la situación económica más problemática que el mundo haya debido enfrentar en muchos años. No hace falta ser astrónomo ni tener telescopio para darse cuenta de que los astros están muy bien alineados en contra de un triunfo de ARENA en las próximas elecciones. Añadiendo injuria sobre ofensa, a Rodrigo Ávila se le achacan vínculos con un régimen saliente que no quiere terminar de salir; mientras que a Mauricio Funes se le percibe como figura fresca, sin responsabilidad ni compromiso con todo lo malo que pudiera imputársele a su partido. Como si todo eso fuera poco, Funes supera con creces a Ávila en capacidad analítica y discursiva. Así las cosas, ARENA simplemente no puede darse el lujo de equivocarse en la selección de su candidato a la vicepresidencia. En esta ocasión, esa decisión es sumamente importante y podría resultar decisiva, aunque la regla general diga que es inconsecuente. He visto algunos sondeos de opinión sobre la imagen que los votantes tienen de algunas de las personas que se mencionan como posibles compañeros de fórmula de Rodrigo Ávila. Los que deciden deben utilizar inteligentemente esos datos. El candidato a la presidencia debe tener buena imagen a nivel nacional y en todos los segmentos de población. Pero ese no es el caso en lo que concierne a su compañero de fórmula. Desde el punto de vista electoral, el candidato a la vicepresidencia es sólo un complemento. La mayor desventaja en preferencias electorales la tiene ARENA entre hombres de clase media urbana con mayores niveles de escolaridad e ingresos medios. Si ARENA le atina a escoger un candidato a VP que le ayude a reducir su desventaja en ese específico segmento de población, estará en buena posición para aguarle la fiesta al FMLN. Entre los nombres que se mencionan, quien mejor puede darle a ARENA ese valor agregado es Arturo Zablah, siempre y cuando el partido acceda a dar oportunamente señales claras de que no lo marginará luego de que le haya ayudado a conseguir el triunfo. También Hugo Barrera y Ana Vilma de Escobar llenan ese perfil, cuyas características principales son su independencia y su capacidad para enfrentar al adversario en un vigoroso debate de ideas. Pero en el caso de la actual vicepresidenta, habría que consultar a los juristas si se le aplica o no el mismo impedimento constitucional que tiene el presidente para la reelección. Ninguna de esas personas es dócil y de algunas de ellas se dice que tienen personalidad muy complicada, pero en ello radica precisamente el atractivo que podrían tener para recuperar el voto de los que se sienten defraudados por ARENA. En política no hay rosas sin espinas. |