Joaquín Samayoa
La letra pequeña
Jueves 30 de octubre de 2008
Las condiciones que más pueden perjudicar a las personas que contraen créditos o adquieren una póliza de seguro vienen estipuladas en párrafos largotes con letra muy pequeña.

En esas cláusulas se estipula, en lenguaje generalmente incomprensible, que la compañía se reserva un montón de derechos y la parte débil renuncia a casi todos los suyos.

A uno le da pereza y firma asumiendo buena fe. Las sorpresas desagradables vienen más adelante, cuando el cliente necesita hacer algún reclamo. En ese momento, la compañía le presta una lupa para que lea lo que debió haber leído y comprendido antes de firmar.

Algo muy parecido ocurre con la lectura de las encuestas. Los partidos políticos y sus simpatizantes sólo leen los números grandes, la parte que sirve a sus intereses, los datos que confirman sus temores y alimentan sus expectativas.

Casi nadie pone atención, por ejemplo, a la ficha técnica, la cual aporta valiosa información sobre los días en que se corrió la encuesta, los márgenes de error y los niveles de confianza, la composición sociodemográfica de la muestra y la forma como los encuestadores buscaron a sus encuestados.

Supongamos que, en una determinada encuesta, dos de cada tres encuestados caen en el rango de 18 a 45 años de edad. Si tal proporción no refleja fielmente la composición de la población, la encuesta tendrá ahí un importante sesgo y la muestra será poco representativa de las opiniones de la población.

Pero aún si la muestra refleja adecuadamente la composición de la población de acuerdo con las variables sociodemográficas más relevantes, todavía habría que preguntarse si también refleja el comportamiento histórico de los votantes dentro de cada segmento del electorado.

Si, por ejemplo, el ausentismo es históricamente mayor en un determinado grupo de edad, para que la muestra tenga valor predictivo tendría que reflejar no la proporción de ese grupo de edad en la población, sino la proporción del grupo en el conjunto de personas que suelen ir a votar.

De la misma manera, no da igual pasar la encuesta por teléfono que mediante visita residencial o abordando a la gente en lugares públicos. Cada uno de esos métodos puede introducir determinados sesgos y conducir a una representación falsa de la población.

La mayoría de las encuestas se corre aproximadamente sólo en una tercera parte de los municipios del país. Se asume que unos municipios son equivalentes a otros en la composición sociodemográfica de la población, pero ahí puede también haber una fuente de error, al igual que en la selección de barrios o colonias dentro de un determinado municipio.

Todos esos son errores involuntarios, y tal vez inevitables, que explicarían las marcadas diferencias que estamos observando entre los resultados obtenidos por diferentes casas encuestadoras. Aunque el récord de aciertos de cada empresa es un buen criterio para juzgar su profesionalismo y su credibilidad, que una empresa no se haya equivocado antes no es garantía de que no vaya a equivocarse nunca.

Conociendo las múltiples posibilidades de error en el manejo de una técnica muy compleja utilizada para estudiar fenómenos también sumamente complejos, lo más inteligente es tomar los resultados no como verdades absolutas, sino como descripciones probablemente verdaderas de la realidad.

Además de la ficha técnica, las encuestas ofrecen también otros números pequeños pero interesantes, la mayoría de los cuales no se publican en los medios de prensa. A manera de ejemplo, es interesante notar que la encuesta de Borge y Asociados detecta una clara ventaja de Funes-Sánchez sobre Ávila-Zablah entre votantes masculinos, y una preferencia inversa, también muy clara, entre las mujeres.

Según la misma encuesta, las preferencias por el FMLN aumentan en función del nivel de escolaridad de las personas, mientras que las preferencias por ARENA son inversamente proporcionales a los años de escolaridad. Por regiones, las diferencias entre ambos partidos caen dentro del margen de error de la encuesta en todas las regiones, excepto en la oriental, donde el FMLN aventaja por 15 puntos porcentuales a ARENA.

Otro dato que me parece sumamente interesante es la apreciación sobre el principal problema que enfrenta el país. En conjunto, casi 42% de los encuestados afirma que el costo de la vida es el principal problema; pero curiosamente la proporción de los que así piensan es inversamente proporcional al nivel de escolaridad y de ingresos de las personas. Los más educados y los que tienen mejores ingresos son los que más se quejan del costo de la vida.

En vez de lamentos y celebraciones prematuras, los equipos de campaña harían bien en analizar la letra pequeña de todas las encuestas para poder hilar más fino a la hora de diseñar sus estrategias electorales.