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Dos lógicas incompatibles
Miércoles, 30 de Abril de 2008
Las expectativas ciudadanas y los esfuerzos partidarios siguen respondiendo de manera casi exclusiva a la preocupación por el resultado de la elección presidencial, como si esa fuera la única elección importante para el futuro del país.
La gente que no vive con mucha holgura empieza a sentirse agobiada. No hay soluciones fáciles. Las cosas seguramente van a empeorar en los próximos meses. Con rostro cansado, el presidente Saca habla ante las cámaras y micrófonos de la cadena nacional, en presencia de los invitados que lograron conseguir espacio en el estacionamiento de la Casa Presidencial. Cuentan ellos que el Presidente no lucía tan relajado como en otras ocasiones y no se quedó a departir con sus invitados después de pronunciar su discurso. No me cabe duda de que el Presidente está genuinamente preocupado por la gente que sufrirá las peores consecuencias de la crisis que se nos viene encima. Seguramente también está preocupado, aunque no haga mención de ello, por las repercusiones que las penurias económicas podrían tener en la voluntad del electorado el próximo año. De cualquier forma, su discurso es más que oportuno. Los salvadoreños sabemos que el problema responde a factores ajenos a nuestro control, pero necesitamos saber qué hará el gobierno para amortiguar el golpe. El mensaje del Presidente es interesante en varios sentidos. No cae en el error de intentar contagiarnos de un optimismo hueco. Por el contrario, nos confirma que no saldremos ilesos de este vendaval. A las clases medias nos dice con inusitada franqueza que no somos la prioridad del gobierno. Tendremos que sobrevivir modificando nuestros patrones de consumo. El gobierno se volcará en ayuda a los más vulnerables. Puntos para el Presidente, por honesto, por realista y por tener bien calibrada la brújula social. Con excepción de la austeridad en las instituciones del gobierno, las líneas de acción que anunció el Presidente encajan bien en los programas que ya había puesto en marcha mucho antes de que se presentara esta crítica situación. Lo detalló con discreto orgullo, pues algún mérito tiene el haberse anticipado a lo que ahora están recomendando los expertos. Sin excluir otras posibles intervenciones, de momento el Presidente se compromete a mantener subsidios focalizados, reforzando Red Solidaria, Escuela Saludable, Fosalud, Defensoría del Consumidor y Alianza por la Familia. Lo más novedoso en el discurso presidencial es el llamado a la unidad nacional. El Presidente parece haber entendido que la situación exige liderazgo y que el liderazgo no puede ser sectario. La crisis puede hundir al Presidente en pocos meses, pero también le ofrece la oportunidad de crecer como estadista. Si nos atenemos al discurso del lunes por la noche, el Presidente estaría tomando la segunda opción. Sólo hay un pequeño problema. Estamos en año preelectoral. La unidad nacional y la política electoral responden a lógicas incompatibles. Es posible pero será difícil que los dirigentes políticos se despojen de sus chalecos partidarios y quieran arriesgarse a crecer ante la opinión pública por sus actitudes conciliadoras y constructivas, no por los ataques al adversario ni por la defensa intransigente de sus propias ideas. Estaremos observando. |