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No termina hasta que termina
Jueves, 26 de Junio de 2008
Panamá perdió en quince minutos la posibilidad de ir al próximo Mundial. En la Eurocopa se han ido quedando algunos de los grandes favoritos.
En el deporte abundan los ejemplos de triunfos seguros que se esfuman en un instante contra todo pronóstico. En la política también. Los areneros que no reconocen que su partido está en serios problemas se hacen acreedores al trofeo del gran avestruz dorado. Eso es lo único que van a ganar. De igual manera, los que en el otro bando han empezado a celebrar antes de tiempo podrían terminar acariciando únicamente el trofeo del gran cohete soplado. Unos y otros deben recordar que el juego no termina hasta que termina. Igual que en el comercio, la competencia es muy beneficiosa en el ámbito político. Los salvadoreños necesitamos que nuestros principales partidos políticos asuman el desafío de ser cada día mejores. Al fin de cuentas, lo importante para el país no es sólo quién gana, sino también cómo y por qué gana. Ahí es donde los ciudadanos comunes y corrientes, los que por opción o por exclusión nos mantenemos lejos de los núcleos partidarios que concentran el poder, tenemos un importante rol. Debemos ser sumamente exigentes. Debemos premiar con nuestra confianza a quien realmente la merezca. Debemos votar con los ojos bien abiertos, con la mirada hacia adelante. Si el FMLN gana sin sudar y sin despeinarse, sólo porque una gran cantidad de gente está harta de ARENA y porque otra gran cantidad de gente tiene fe ciega en los milagrosos poderes de sus ídolos, es muy probable que el FMLN haga muy mal gobierno. De igual forma, si ARENA logra acortar distancias y termina ganando montada en el caballo del temor al adversario, es casi seguro que su quinto gobierno caería en la misma complacencia y en los mismos errores que la gente ya no está dispuesta a tolerar. Qué bueno sería que en las próximas encuestas la mayoría de ciudadanos dijera claramente que todavía no sabe por quién votará. Qué gran favor nos haríamos todos si estuviéramos dispuestos a buscar el error que se esconde en nuestras verdades; si optáramos por aprovechar los próximos meses para pensar más detenidamente las cosas y exigirles a los políticos mucha más honestidad y concreción en sus ofertas electorales. ARENA no puede ganar a punta de publicidad de las obras realizadas por sus cuatro gobiernos. El colmo sería que no hubieran hecho al menos eso con todo el dinero que los ciudadanos aportamos al erario público. El FMLN tampoco debiera ganar a punta de críticas, sin dar cuenta de la parte de responsabilidad que tienen por la forma como han concebido su papel opositor y sin demostrar persuasivamente que sus soluciones son factibles y mejores que las propuestas de sus contendientes para el próximo quinquenio. En el ámbito legislativo y en los gobiernos locales, ambos partidos tienen un expediente de buenos y malos desempeños, de acciones y omisiones. Ambos partidos tienen la misma oportunidad de mostrar voluntad de superación reemplazando a los alcaldes y diputados que no están en sintonía con las necesidades y aspiraciones de la gente. Desde todo punto de vista, es absurdo que los ciudadanos hagamos apuestas ciegas, apoyando a uno u otro partido sin saber con qué nos van a salir. En lo que concierne a la elección presidencial, el FMLN y sus candidatos pueden ser objeto de especulaciones más o menos plausibles, pero la que está sentada en el banquillo del acusado es ARENA. El principal delito del que muchos la acusan es el de haber ocupado el lugar que ellos habrían querido ocupar. Pero la mayoría de los querellantes la acusan de corrupción, incompetencia, negligencia y abusos de poder. La primera acusación, ante la que no hay defensa necesaria o posible, se la hace el votante fanático del FMLN. Las demás acusaciones le vienen de la gente que habrá de decidir si ARENA merece o no una nueva oportunidad, si ARENA es o no es la mejor opción para ellos y para el país entero en el próximo quinquenio. Son acusaciones que no pueden ser ignoradas. Lo menos conveniente para ARENA en las actuales circunstancias es intentar eximirse de culpas o argumentar que los otros serán aún peores, aunque haya buenas razones para pensar que así será. Su única salida es demostrar que tiene voluntad y capacidad para reconocer y enmendar errores. La pelota está en la cancha de Toni Saca y Rodrigo Ávila. El juego no termina hasta que termina. |