Joaquín Samayoa


Manda un poco el capitán, mandan más los marineros
Jueves 25 de Septiembre de 2008
Nunca he tenido ocasión de preguntarle a Mauricio si sabía bien a qué se estaba metiendo cuando decidió contraer nunpcias de mutua conveniencia con el FMLN. Creo que, si le hiciera la pregunta en privado y con garantías de confidencialidad, me respondería con franqueza.

Aunque para brillar y conseguir aplausos en la plaza pública ha tenido que aprender a decir medias verdades y a hacer análisis de calidad muy inferior a la que exhibía en su trabajo periodístico, sigo creyendo que Mauricio es un hombre inteligente y fundamentalmente honesto.

Su discurso demagógico no me parece más objetable o inmoral que el de otros políticos que aspiran a cargos de elección popular. El que esté libre de pecado, que aviente la primera pedrada.

¿Por qué aceptó la candidatura del FMLN? Sólo él lo sabe a cabalidad, pero es razonable pensar que lo hizo por idealismo y porque sus ideas coinciden en considerable medida con las del FMLN y porque pensó que podía hacer cambiar al FMLN en lo concerniente a algunas de las ideas en las que difieren.

En relación a este último punto, asumiendo que mi apreciación es correcta, caben dos posibles explicaciones. La primera es que Mauricio tiene un exceso de confianza en sus capacidades y ha subestimado la rigidez ideológica de las bases y dirigentes de un partido al que sólo conocía de manera muy superficial.

La segunda explicación, que no excluye necesariamente a la primera, es que Mauricio nunca pretendió persuadir con razones a sus nuevos compañeros de viaje.

Le bastó con percibir una pequeña flexibilidad táctica en el FMLN, que parecía haber empezado a aceptar que muchas de las ideas que asustan a la gente no son factibles de realizar en un período de gobierno y, por consiguiente, no había costos, sólo ganancia, si se adoptaba la esatrategia de diferir el empeño en defender esos planteamientos que tampoco él compartía plenamente con el FMLN.

En ese saco entran el TLC, la dolarización, la derogación de la ley de amnistía, la adopción del modelo cubano-venezolano de "democracia" directa controlada por el partido desde el aparato estatal, y otros temas controversiales de cuya definición parece depender la posibilidad de hacer realidad el socialismo revolucionario al que no ha renunciado ni va a renunciar el FMLN.

La apuesta era que podían mantener durante la campaña un discurso en el que no afloraran las diferencias de perspectiva sobre estos temas entre el candidato y el partido.

El candidato acentuaría lo que es factible en el corto plazo, lo que aparenta sensatez y moderación; mientras que el partido se encargaría de mantener el rumbo y decidir, más adelante, cómo y cuándo, ya en el gobierno, tomar decisiones más consistentes con sus verdaderas aspiraciones.

Y la estrategia ha funcionado. Mucha gente ha percibido justamente la imagen que el FMLN quería proyectar.

A falta de una oposición ideológica inteligente y robusta por parte de ARENA, han sido los medios de prensa los que han puesto en evidencia las aparentes contradicciones, que no se dan tanto en el plano de las ideas, sino en la dimensión del manejo político de las mismas.

Como consecuencia, empieza a delinearse con más claridad el perfil de un candidato cuya misión sería la de ganar y gerenciar para el FMLN un gobierno de transición hacia el socialismo revolucionario.

Yo no tengo problema en que haya gente que prefiera asumir el paquete de riesgos y posibilidades que ofrece el FMLN en vez del que ofrece ARENA. En eso consiste la democracia.

Lo que no me parece correcto es que no se pongan todas las cartas bien abiertas sobre la mesa. No me parece correcto el engaño abierto o velado, ni el de ARENA ni el del FMLN.

Algunos ideólogos de izquierda se lamentan de que los ideólogos de derecha quieran presentar a ARENA como la única alternativa al caos. No se dan cuenta de que ellos están haciendo exactamente lo mismo al presentar al FMLN como única opción para salvar al país de la debacle.

Todos tenemos igual derecho a pensar y a lidiar con nuestros temores e ilusiones de la forma que mejor nos parezca. Pero los que tenemos la posibilidad de contribuir a la formación de opiniones debemos ayudar a que el resto de los ciudadanos decida su voto con plena conciencia de lo bueno y lo malo que hay en cada opción.

Eso supone hacer preguntas incómodas, derribar mitos y presionar a los partidos y a sus candidatos a que se pongan claros en sus ofertas electorales.