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La credibilidad del nuevo gobierno
Sábado, 23 de Mayo de 2009
Son interesantes y encomiables los esfuerzos que el FMLN y el presidente electo están realizando para integrar un buen equipo de gobierno, el cual no saldrá exactamente como ninguno de los dos lo hubiera deseado.
En política, la palabra “concesión” no necesariamente es indicativa de debilidad; por el contrario, puede ser signo de inteligencia. Para la conformación del gabinete, tanto Mauricio Funes como el FMLN han debido hacer concesiones y está bien que las hayan hecho. Eso no le resta autoridad al presidente ni disminuye el rol que el partido debe jugar en el gobierno. Ni uno ni los otros debieran molestarse porque se diga que han hecho concesiones. Desde el punto de vista del presidente, la selección de sus colaboradores debe realizarla buscando formar un equipo que pueda trabajar armónica y eficazmente hacia la consecución de los fines que se ha propuesto. Así como un buen científico no necesariamente es un buen maestro, los mejores especialistas no siempre están dispuestos a aceptar cargos de gobierno o tienen otras cualidades necesarias para desempeñarlos bien. Hay, pues, muchas razones válidas para que el presidente no llame a colaborar con él a algunas personas que gozan de merecido prestigio personal y profesional en la sociedad. Sin embargo, una buena parte del quehacer político está condicionado por percepciones y, desde esa perspectiva, no por subjetiva menos real, los diversos sectores sociales esperan la formación del gabinete como un signo que, de entrada, fortalece o debilita la credibilidad del nuevo gobernante. El problema es que las expectativas son diversas y, en algunos casos, contradictorias. Lo que a unos les genera confianza, a otros les provoca rechazo. No hay manera de quedar bien con todos, pero eso no significa que no se deba buscar el mayor consenso posible con los actores políticos más relevantes. Hasta donde podemos saber los que no estamos involucrados en el proceso, el presidente Funes está conduciendo bien el diálogo necesario para lograr un mejor entendimiento con la dirigencia de su partido. Que el presidente tenga la última palabra en las decisiones no significa que deba ser obstinado ni que deba ignorar realidades políticas. Sabiendo y aceptando que el gabinete no será del agrado de todos, el nuevo presidente debe construir y consolidar su credibilidad con acciones de gobierno prontas y eficaces en respuesta a las necesidades más sentidas de la población. Además del problema de las finanzas del Estado, al que el presidente electo está ya dando la urgente atención que requiere, veo tres áreas en las que debe empezar a manifestarse desde el primer día la prioridad que el nuevo gobierno asigna a los sectores más pobres y marginados de la sociedad: el acceso al agua potable, el transporte público y la prevención de los desastres que siempre ocurren durante la estación lluviosa. La gente más pobre no conoce a casi ninguna de las personas que serán o podrían haber sido seleccionadas para integrar el gabinete; tampoco entiende mucho de modelos económicos ni presta mucha atención a lo que se dice en los espacios de opinión de los medios de prensa. Lo que sí sabe y lo sabe muy bien es que no tiene agua potable y que la lluvia les inunda o les destruye sus humildes viviendas. Lo que experimenta varias veces cada día es el caos y los peligros del transporte público. Ante los ojos de la mayoría de la población, son las respuestas a ese tipo de problemas las que harán que el nuevo gobierno gane o pierda credibilidad. La solución de otros problemas, como la falta de empleos, no depende solo ni principalmente del gobierno; pero la prestación oportuna, suficiente y eficiente de los servicios públicos más fundamentales y la regulación de esos servicios cuando han sido concesionados al sector privado sí son responsabilidad exclusiva del gobierno. Ninguno de esos problemas puede resolverse en unas pocas semanas; pero sabríamos que el cambio realmente ha llegado si en el transcurso de esas primeras semanas tenemos planes muy realistas y concretos, con metas y plazos, para empezar a producir resultados en el más corto plazo posible. No importa si el nuevo presidente de ANDA y el nuevo viceministro de transporte se llaman Pedro o Juan; si son amigos de Mauricio o amigos del FMLN o de cualquier otro partido o de ningún partido. La gente los va a conocer y los va a juzgar por sus obras; por esas obras que el Estado les está debiendo desde tiempos inmemoriales. |