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Continuidad y cambio en la educación
Jueves, 18 de Junio de 2009
Las nuevas autoridades de educación han anunciado que revisarán el plan nacional 2021 para adecuarlo a la filosofía del nuevo gobierno.
Ese simple anuncio, en sí mismo poco indicativo de lo que se propone hacer el nuevo gobierno, ha causado preocupación en círculos políticos y empresariales que están a la espera de cuándo y dónde saltará la liebre, para atraparla antes de que llegue demasiado lejos. En las reacciones al anuncio ministerial es posible identificar algunas buenas razones que buscan preservar el carácter estratégico que se le atribuye al plan 2021, pero hay también una buena dosis de desconfianza sobre las intenciones de un ministro que, en su calidad de candidato a la vicepresidencia de la república, fue objeto de constantes difamaciones y blanco de ataques por sus convicciones ideológicas apegadas a la concepción marxista-leninista del Estado. Algunos ven fantasmas y otros ven peligros que podrían ser reales; pero siendo la educación algo tan importante para el país y para el futuro de nuestros hijos y nietos, es necesario dejar a un lado los prejuicios, poner atención a lo que el ministro está diciendo y asumir una actitud positiva, que no excluya la crítica cuando sus actuaciones lo ameriten, pero tampoco se cierre a valorar lo que pueda haber de conveniente y necesario en las ideas de las nuevas autoridades para mejorar la calidad de la educación en nuestro país. Ningún plan o programa de gobierno está grabado en piedra. El plan 2021 tiene el mérito de haber trazado metas de largo plazo y el de haber diseñado e iniciado la ejecución de algunos programas conducentes al logro de esas metas. Tiene también el mérito de haber generado un nivel aceptable de consenso, aunque muchas veces pude constatar que quienes lo apoyaban no conocían muy a fondo los contenidos del plan. Pero una cosa es formular y ejecutar planes estratégicos y otra muy diferente es blindarlos e impedir que se vayan ajustando para llenar vacíos, adaptarse a circunstancias cambiantes y enmendar las estrategias que no están produciendo los resultados esperados. El plan 2021 es una buena herramienta pero, como todo en la vida, puede y debe ser mejorado. Seguramente más adelante se detectarán otras fallas, pero, de momento, lo que el ministro está diciendo es que el plan es incompleto porque atinadamente se ocupa del desarrollo de las competencias laborales que necesitan los jóvenes, pero descuida otras importantes dimensiones del desarrollo humano, como son el arte, la cultura, el deporte, la recreación y la espiritualidad. Hasta ahí no tendría yo nada que objetar al planteamiento de las nuevas autoridades de educación. Me parece muy atinado buscar el cultivo de otras calidades humanas además de las competencias para el trabajo productivo. Sin embargo, hay que advertir que la revisión del plan 2021 debe hacerse teniendo a la vista el contexto y los antecedentes del plan, particularmente la legislación que se había ya actualizado en administraciones pasadas y los nuevos instrumentos curriculares que produjo la reforma educativa a mediados de los años 90. En el currículo para la enseñanza de las principales asignaturas de la educación básica y media encontrará el ministro muchos de los énfasis que extraña en los programas que componen el plan 2021. La filosofía humanista que muchos compartimos con el ministro fue incorporada, con mayor o menor tino, en el diseño de los planes de estudio del tercer ciclo básico y del bachillerato. Más aun, se revirtió en considerable medida el diseño curricular de la reforma del 68 precisamente para reforzar la formación general, a costa del desarrollo de competencias laborales específicas. Otro problema muy diferente, y por cierto bastante complejo, es el del buen entendimiento de la concepción pedagógica y el buen uso de los instrumentos curriculares por parte de los docentes. En ese aspecto hay mucha tela que cortar y me complace mucho escuchar a las nuevas autoridades de educación afirmando que darán la debida atención a lo que ocurre en las aulas y al desarrollo profesional de los docentes responsables de las mismas. En lo personal, seguiré desconfiando del FMLN mientras no vea en ese partido una disposición a cuestionar, aunque sea internamente, su visión marxista-leninista del Estado. Pero en lo que concierne a la educación, no veo particular problema en lo dicho hasta ahora por las nuevas autoridades; por el contrario, creo que sus intuiciones, a pocos días de haber tomado las riendas del MINED, son correctas. Espero no equivocarme en esa apreciación. |