Las Transiciones
Sábado 18 de abril de 2009
El resultado de la elección presidencial obliga a diversos actores y sectores del país a realizar esfuerzos más o menos complejos y problemáticos para adaptarse a un nuevo escenario y asumir nuevos roles.
El cambio de gobierno es solo una de las muchas transiciones que están ocurriendo o debieran ocurrir en un plazo relativamente corto.
La caballerosidad y la madurez cívica de los presidentes saliente y entrante es algo que la mayoría de salvadoreños estamos valorando de manera muy positiva.
Son pocos los que se sienten defraudados por la patente cordialidad que ha marcado los encuentros entre los presidentes y sus respectivas comisiones de transición. Otros, también pocos, sin añorar necesariamente el tono insultante y confrontativo de la campaña electoral, ven con suspicacia la amabilidad y la inusual actitud cooperativa de quienes hasta hace unas pocas semanas mantuvieron una desafiante rivalidad.
De cualquier forma, lo duro de la transición de un gobierno a otro se dará más adelante. Mauricio Funes tendrá que curarse en salud y decirle al pueblo con absoluta franqueza en qué estado se encuentran las finanzas y las instituciones del poder ejecutivo.
El nuevo presidente tendrá una fuerte presión social para sacar al sol los trapos sucios que vaya encontrando. Esa fue una de las banderas que le permitieron aglutinar al ejército de sus seguidores.
La otra faceta problemática de la transición gubernamental girará en torno a las decisiones sobre continuidad, revisión o eliminación de programas, plazas y funcionarios. Esto tomará varios meses.
El nuevo presidente tendrá muchos disgustos cuando empiece a poner en su lugar a los que ven la llegada del nuevo gobierno como una inmensa piñata cargada de huezos de todos los tamaños y sabores. Enfrentará también la resistencia, legítima en muchos casos, de los que van a ser desplazados.
Pero la transición gubernamental no es la única. Hay muchas organizaciones sociales que han estado más o menos alineadas a los partidos políticos y, consiguientemente, condicionadas a un rol instrumental de apoyo u oposición al gobierno.
Estas organizaciones tendrán que reformatear su disco duro y decidir hasta qué punto, cuándo, cómo y en qué apoyan o se oponen al nuevo gobierno, sin comprometer su misión ni su integridad.
En este saco entran las organizaciones de la empresa privada, los sindicatos, los medios de prensa, los tanques de pensamiento y las organizaciones comunales.
Los partidos políticos también han entrado en una dinámica transicional. El PCN es de naturaleza camaleónica y no debiera tener especial problema en acomodarse una vez más a las circunstancias y a la dirección de los vientos del poder; pero habiendo salido bastante escaldado del reciente proceso electoral, tendrá que reparar grietas que nunca antes había tenido.
Del PDC no se oye mucho últimamente. Anda más perdido que un chucho en misa. Creo que no le resultará nada fácil resurgir de las cenizas. El CD pasa de ser opositor crítico a aliado crítico del gobierno. El secreto está en lo crítico. Quedamos a la expectativa.
Los grandes son los más complicados. De lo que hagan ellos depende en considerable medida el futuro del país. El FMLN puede salir muy fortalecido si asume la necesidad de un debate ideológico franco, respetuoso y abierto, que lo ponga más a tono con la realidad, con las aspiraciones y los temores de la gente y con las ideas del que fue su candidato y ahora será el presidente de todos los salvadoreños.
De lo contrario, les resultará muy difícil manejar su relación con el gobierno y tendrán que asumir los costos de sus tropiezos sin poder reclamar mérito por sus logros.
En cierto sentido, ARENA es el gran ganador del 15 de Marzo. Fue a ver al médico por una depresión y le descubrieron cáncer, tal vez todavía a tiempo de ser curado. Sólo perdiendo la presidencia podía ARENA haberse dado cuenta de la magnitud de sus problemas internos.
Sólo una derrota podía haberles devuelto la voz a muchos areneros decentes que se han visto marginados y burlados por la dirigencia de su partido en los últimos años.
La alternancia dentro de ARENA será más traumática que la alternancia en el gobierno. Ya estamos viendo claras señales de eso. Pero hay que llevarla a cabo a cualquier precio. Es ahora o nunca.
ARENA solo podrá resurgir si tiene las agallas de cortar por lo sano. Este no es momento para andar buscando complacer a todos. Es un momento muy crítico que requiere visión, audacia y valentía. Es necesario que los dirigentes que han mostrado ser más rectos y tener más carácter den un paso al frente por la Patria.
El desafío es demasiado grande e importante como para dejar el partido en manos inexpertas o para poner al zorro a cuidar a las gallinas.